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Filohelenismo // Φιλελληνισμός

¿Qué es la esperanza?

¿Qué es la esperanza?

¿Qué es la esperanza? Es lo último que quedó en la caja de Pandora cuando ésta la cerró, tras escaparse de allí todos los males y expandirse contra la raza humana. Teniendo en cuenta que todo cuanto escapó de la cajita eran cosas negativas, ¿habría que pensar también en la esperanza como algo negativo? Tradicionalmente se ha venido pensando lo contrario. Así lo creía yo, que era algo positivo, hasta que un día en clase de griego (era aún en bachillerato) la profesora planteó el dilema y el tema quedó abierto. Es cierto que no tiene fácil respuesta. Desde entonces nunca he vuelto a tener una idea clara de lo que representa la esperanza para el ser humano. Como decía nuestra profesora, desde el momento en que tenemos esperanza es porque algo no va bien y esperamos que algo mejore, que algo salga bien… Si las cosas nos van bien no hace falta tener esperanza porque se entiende que entonces somos felices, ¿no? Luego el tener esperanza implica que algo no funciona bien. Sin embargo nos resulta necesaria en las dificultades porque sin ella nos hundimos, sin ella todo es negro y todo irrecuperable, insalvable; quizá simplemente podría tratarse de un soplo de aire fresco dentro de nuestras desgracias, un soplo que nos sigue dando vida para ayudarnos a ver las cosas con otro color más vivo y animado. En tal caso se trataría de un elemento positivo, pero… ¿qué hacía dentro de la caja de los males que Pandora abrió? ¿La consideraban los antiguos griegos un mal? ¿Una virtud acompañando a los males, tal vez?

 

Aristóteles la definía como el sueño del hombre despierto, pero para Platón era algo peor, pues la consideraba una insensata consejera. Para Sócrates “el alma necesita nutrirse de esperanza, igual que el estómago de alimento”; Eurípides decía: “El hombre superior es el que siempre es fiel a la esperanza”, Esquilo la definía como el alimento de los exiliados, pero en cambio Sófocles la responsabilizaba de la prolongación del sufrimiento humano. Dentro de la lírica arcaica encontramos una valoración negativa que nos ofrece Semónides de Amorgos, quien en unos de sus versos afirma: “Una pueril esperanza alimenta a todos los que aspiran a lo irrealizable”. Tales de Mileto piensa: “La esperanza es el único bien común a todos los hombres; los que lo han perdido todo, la poseen aún”. Menandro considera que en la adversidad el hombre es salvado por la esperanza. Quizás Demócrito juzgara oportuno guardar cierta medida de esperanza, ya que según él la naturaleza se basta a sí misma, por esto vence con menos y con lo seguro, las demasías de la esperanza. Teócrito afirma: “Mientras hay vida, hay esperanza”, quizá una de las expresiones más conocidas por todos. En el mundo latino encontramos a Séneca manifestando que las esperanzas se encadenan, o a Cicerón reiterando la idea ya transmitida por Teócrito: “Mientras al enfermo le dura la vida, le dura la esperanza”. En una expresión más poética, Ovidio nos cuenta: “La esperanza hace que agite el naúfrago sus brazos en medio de las aguas, aún cuando no vea tierra por ningún lado”. Con la llegada del cristianismo se popularizó la idea de la esperanza como algo bueno y necesario, aliada de la fe, amiga del ser humano. Es quizá la visión que predomina en nuestros días.

 

En la Grecia moderna, ya del siglo XX, encontramos un escritor que reflejó su desesperación en el título de una de sus obras: Se busca esperanza. Antonis Samarakis, autor de esta pequeña colección de relatos cortos (muy recomendable, por cierto), nos cuenta lo siguiente en la primera parte de su prólogo:

 

“En 1954, al tiempo que escribía los doce relatos de la colección Se busca Esperanza, mi primer intento de prosa narrativa, yo mismo era el que no tenía esperanza. En un mundo trágicamente absurdo y absurdamente trágico, estaba desnudo de esperanza y, sin embargo, paralelamente buscaba esperanza, anhelaba esperanza. Tenía hambre y sed de esperanza. Hoy, en 1990, han transcurrido treinta y seis años enteros y verdaderos, en un mundo igual o, quizá, todavía más trágico. ¿Acaso he dejado de ser una réplica de aquel Antonis de 1954? No. La lucha agónica por la esperanza es siempre el epicentro del acontecer humano. En cada rincón de nuestro planeta, y en el extremo occidental del Mediterráneo, en mi querida España, pero también en el extremo oriental, en mi querida patria, en Grecia”.

Extraído de la edición en español de Ediciones Clásicas, traducida por Elías Danelis y Alicia Villar.

La isla de Santorini

La isla de Santorini (antigua Thera)... quizá una de las más interesantes de Grecia, conocida por su erupción volcánica del siglo XVII a. C. (con la que se destruyó buena parte de la isla) y por sus típicas casas blancas y con elementos azules. Algunos expertos consideran que a partir de su destrucción tras la erupción volcánica surgió el mito de la Atlántida. Si usted no ha estado, sepa que no pretendo darle envidia: yo tampoco he estado allí, por ahora, y he de reconocer que en ninguna otra isla griega. Pero tras ver interesantes vídeos como los que podrán ver a continuación, a una se le queda el cuerpo con ganas de darse un paseo por allí. Puesto que de momento a muchos no nos es posible volar hasta allá con el avión hagamos un pequeño viaje con la imaginación a través de nuestro ordenador.

 

Una de Tsitsanis

Un músico nos interpreta la melodía de uno de los clásicos de Tsitsanis... (para más información sobre el rebétiko y Tsitsanis ver antigua entrada: La importancia del rebétiko).   Como en la anterior ocasión no les dejé ninguna muestra visual he creído oportuno empezar a dejar algunos vídeos sobre este interesante género. Aquí tienen... Τα καβουράκια (Ta Kabourakia) , en español Los cangrejitos, interpretado de manera instrumental por un solo buzuki. Que lo disfruten.

 

La mano izquierda

La mano izquierda

Hay un aspecto claramente opuesto entre las antiguas sociedades griega y romana: mientras que los griegos consideraban a los zurdos como unos seres virtuosos, de talento especial, y Platón abogaba por usar ambas manos sin que prevaleciera una sobre otra, en la antigua Roma la izquierda tenía un sentido más bien funesto: por eso en sus augurios consideraban un mal presagio el hecho de que al observar el vuelo de las aves estas aparecieran por el lado izquierdo. Esto quedó reflejado en ambas lenguas: en latín "sinister" significa izquierdo, de donde ha llegado al español el término "siniestro" para referirse a las personas cuya parte del cuerpo predominante es la izquierda. Como el vocablo llegó también acompañado de todos sus sentidos negativos y peyorativos, el español terminó por tomar "izquierda" del vasco "ezkerra", adoptando así un término neutral. En cambio el griego eligió ya desde hace muchos siglos el término ἄριστος, (áristos) que significa "excelente, óptimo" para designar al zurdo (actualmente αριστερόχειρας [aristerójiras]). Los hijos de Roma hemos seguido la tradición latina y en determinadas circunstancias sociales dejamos que prevalezca el lado derecho: según el código de circulación vial, en un cruce sin señalizar tendrá preferencia el que venga por el lado derecho. Cuando nos damos besos en las mejillas para saludarnos comenzamos por la mejilla derecha. Los griegos hacen justamente lo contrario: en un cruce sin señalizar tendrá preferencia el que llegue por la izquierda, y al saludarse empiezan a besar la mejilla izquierda (por cierto, también es costumbre en Grecia que los hombres se den besos en la mejilla cuando se conocen bastante bien y hay confianza). Me resulta chocante el hecho de que en este mundo con una mayoría de diestros y tan pensado para los diestros haya algún lugar en el que la izquierda predomine en algún lugar, en algún aspecto... estos griegos no pueden dejar de sorprenderme. 

Evidentemente el panorama cambió bastante en Grecia con la llegada del cristianismo, el cual afectó en general a todo nuestro mundo occidental: en la Biblia encontramos cien referencias favorables a la derecha y veinticinco desfavorables contra la izquierda. Al diablo se le retrata como a un zurdo. A los zurdos se les consideró durante tiempo personajes demoníacos y brujos malignos, en la Edad Media muchos de ellos acabaron en la hoguera. ¿Saben ustedes por qué tradicionalmente el anillo de casado se lleva en la mano izquierda? Porque de esa manera se consideraba que se ahuyentaba a los malos espíritus que amenazan el matrimonio. Todavía hoy en ámbitos religiosos podemos encontrar que se intenta a menudo "corregir" la tendencia zurda de algunos niños, aunque afortunadamente cada vez menos. La ciencia ha demostrado los grandes inconvenientes y perjuicios que puede sufrir alguien al ser forzado a usar la derecha siendo por naturaleza zurdo. Y aunque últimamente se goza de más libertad el mundo sigue pensándose únicamente para diestros. Recuerdo que en mi instituto en las aulas con sillas pala sí solía haber alguna con la pala colocada a la izquierda, pero en mi actual universidad (la Complutense) y en mi escuela de idiomas veo que las sillas para zurdos brillan por su ausencia.

Ideas de Homero

Ideas de Homero

He decidido crear un nuevo tema para el blog, uno que recopile ideas de célebres griegos, así que me ha parecido apropiado comenzar esta sección de "frases célebres" con el poeta Homero. ¿Qué ideas podemos encontrar en dicho autor? No olvidemos que están sacadas de su producción literaria y que muchas de ellas están en boca de distintos personajes. Entre otras, encontramos las siguientes:
"Entre todas las criaturas que se arrastran y respiran sobre la tierra, no hay ninguna más desdichada que el hombre".
"Todo hombre sabio ama a la esposa que ha elegido".
"No estés mucho tiempo lejos del hogar".
"La juventud tiene el genio vivo y el juicio débil".
"El sueño es el hermano gemelo de la muerte".
"La raza de los hombres es celosa; sus brasas son brasas de fuego".
"No envidies la riqueza del prójimo".
"La raza de los hombres es como la de las hojas: cuando una generación florece, otra declina".
"Los hombres se cansan antes de dormir, de amar, de cantar y de bailar antes que de hacer la guerra".
"Después de los acontecimientos hasta el necio es sabio".
"Preferiría ser esclavo del más pobre campesino que reinar sobre los muertos".
"El genio se descubre en la fortuna adversa; en la prosperidad se oculta".
"En la juventud y en la belleza la sabiduría es escasa".
"Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres".
"Consuélate de soportar las injusticias; la verdadera desgracia consiste en cometerlas".
"No sabe hablar quien no sabe callar".
"No hay mejor aguijón que la necesidad".

Cincuenta años sin Kazantzakis

Cincuenta años sin Kazantzakis

Se cumple este año el quincuagésimo aniversario de la muerte del autor cretense, natural de Heraklion, Nikos Kazantzakis (1885- 26 de octubre de 1957), uno de los más grandes que el mundo puede contemplar. Se licenció en Derecho en Atenas y estuvo dos años en París, donde recibió influencias del maestro Bergson, sobre su filosofía de lo irracional y su teoría del impulso vital, y al regresar de nuevo a Grecia se dedica a traducir obras filosóficas. Durante los años siguientes hará varios viajes (Suiza, Rusia) por motivos políticos (repatriar a griegos del Cáucaso). Más tarde permanece en Viena y después en Berlín, donde convive con las dificultades propias de un tiempo de posguerra. De su temporada en Rusia se sentirá inspirado para la creación de su novela Toda-Raba. De esa novela les muestro estos dos fragmentos:
 
Ha cesado la lluvia. Una fila de patos salvajes pasa, con sus largos cuellos erguidos. Desde lejos, brilla y ríe, entre las altas montañas, el lago azul de Baikal. En la pequeña ciudad de Slubianka, un joven vagabundo harapiento trepa apresuradamente en el tren. Su cabeza está ensangrentada, vocifera y cae en el asiento. El inspector le pide su billete. El vagabundo hurga febrilmente en sus bolsillos y saca un puñado de migas de pan negro; lo aprieta con furor, lo despedaza entre sus manos sucias, llenas de sangre. El pan se convierte pronto en una masa blanda. El vagabundo comienza a modelarla con precipitación. Y he aquí que aparece un cráneo mondo, una naricilla, una boca ancha y sarcástica, ojillos oblicuos, una perilla. El vagabundo se yergue, altivo; ofrece al inspector, en vez del billete, la cabeza de Lenin modelada con el pan. En la horrible mano que la sostiene esa cabeza sonríe con intensa y trémula vida. Todo el vagón se echa a reír. El inspector se enfada; coge rudamente al escultor de Lenin; lo entrega al miliciano que ha acudido. El vagabundo, viendo entonces que Lenin no le sirve de nada, despedaza su obra con furiosa mano y la cara fina del profeta vuelve a ser una masa sangrienta.
 
- Me recuerda usted al pobre filósofo de la barca. Dijo el barquero: <<¿Conoces la filosofía?>> <>. <<¿No? Entonces has perdido la mitad de tu vida>>. Poco después comienza una furiosa tempestad. << Eh, filósofo - grita el barquero -, ¿sabes nadar?>>. <>. <<¿No? Entonces has perdido tu vida entera>>.
 
Trad: Hernán del Solar, Ed. Planeta
 
También viajó por España, y también escribió sobre ella. Precisamente así se llama una de sus obras: España. Y otra también sobre lo mismo es Viva la muerte. En ellas nos habla de distintas ciudades españolas mientras permanecía en nuestro país antes y durante la Guerra Civil, como corresponsal y agudo observador de la realidad del momento. Al leerla apreciamos claramente lo bien que llegó a conocer España:
 
Córdoba:
 
Más allá de Toledo, las cadenas montañosas son desnudas, leonadas. Gracia ática y primitivismo árabe. De cuando en cuando, destaca en la cumbre de la más alta colina un castillo medieval, con las murallas medio en ruinas y las puertas de la fortaleza evadidas de su sitio, abiertas y derribadas, los muros cubiertos de una hiedra hambrienta, el último enemigo que logró escalarlos. Frente al pueblo, una pequeña iglesia con un diminuto campanario blanco. A lo lejos, parecía como si fuera un pato alargando el cuello. Las casitas le seguían detrás como patitos caminando ladera abajo. Al pasar velozmente el tren, todo el rebaño tomaba vida y parecía correr precipitadamente en dirección contraria.
Aquí y allá, relucían sobre la tierra roja piedras blancas, como cardos blancos florecidos. Ni una sombra en ninguna parte, todo lleno de una luz cruda y vertical. Entonces, de repente en una cumbre, vi el primer molino de viento. Tieso, con su escudo protegiendo el alado armazón, erguido allí bajo la luz del sol, parecía realmente un guerrero medieval vestido con su casco gris y cubierto con su armadura, presto para el ataque.
¡Con cuánta razón tomó don Quijote a los molinos por gigantes, y cuán castellana era su lógica! En seguida, a la vuelta de la colina, aparecieron otros, todos en línea recta, uno tras otro como un ejército. Al parar en la estación, se oyó de repente el sonido de un profundo arroyuelo cacareando de piedra en piedra, como la risa de Sancho.
 
Toledo:
 
Pero cuando llegué a Toledo y empecé a trepar por sus estrechas callejuelas, era una mañana tranquila y agradable. Las mujeres volvían de la famosa plaza árabe, la plaza de Zocodover, con los cestos llenos de verduras y pimientos rojos. Las pesadas campanas de la Catedral resonaban con una voz profunda y cansada. Las casas estaban abiertas, inundadas de luz, y dentro de los fríos patios interiores, las muchachas regaban sus pintadas macetas. Como suele ocurrir, el aterrador contacto con la realidad no se produjo bajo la forma del rayo, de una llamarada de fuego o de una gran idea. Llegó como una suave brisa de primavera.
¡Qué lástima que busquemos ruinas pintorescas y apartados rincones románticos en las ciudades antiguas y famosas, lugares en los que, junto con los demás decorados, nuestra alocada imaginación desearía solazarse con bullicioso regocijo! Es muy difícil contemplar con nuestros propios ojos un lugar cuando un poeta ha pasado por él antes que nosotros. España es el descubrimiento de unos pocos poetas y pintores y de unos cuantos extravagantes turistas. Desde entonces han encendido nuestra imaginación las mantillas, corridas de toros, las castañuelas, los gitanos de Granada, las cerilleras de Sevilla y los jardines de Valencia.
 
Madrid camina hacia su destrucción 1ª parte:
 
Cayó la noche. Las nubes escamparon. Las estrellas del otoño parecían enormes, suspendidas sobre Madrid y sus enemigos. Los disparos del cañón se habían interrumpido. Los aeroplanos se habían tumbado, ocultos en sus cuevas. Y los soldados habían encendido fuego para calentarse y cocinar.
¿Cómo podría ahora abandonar Madrid y regresar a Toledo? Observé ávidamente Madrid, envuelto en las brumas de humo del atardecer. Negra y amenazadora, la noche surgía de las entrañas de la tierra, ocultando los jardines, las calles y las casas. Un soldado falangista me dio un panfleto impreso encontrado en la mochila de un rojo que había resultado muerto:
1º Amar a Madrid por encima de todas las cosas.
2º Guardar tu juramento de morir por tu amado Madrid.
3º Bendecir su suelo con tu sangre.
4º Honrar a tus heroicos antepasados que murieron por la Idea.
5º Morir matando.
6º Negarte a entregar tu esposa a los marroquíes.
7º Defender tus libertades con uñas y dientes, hasta el último instante.
8º Luchar con denuedo contra la falsedad y la esclavitud.
9º Expulsar a los salvajes marroquíes de nuestro país.
10º Hacer de Madrid la tumba de Franco.
Mientras leía cuidadosamente los diez mandamientos de los rojos sentí el cálido aliento de alguien que jadeaba a mis espaldas. Cinco o seis marroquíes se hallaban acuclillados en el suelo detrás de mí. Contemplaban Madrid fijamente, con las armas sobre las rodillas. Sus ojos ardían con una codicia inefable. Estaban avistando el Paraíso: una ciudad rica, llena de oro, de sedas, de mujeres y de infieles a los que dar muerte.
Regresé y me eché cerca de la iglesia, entre aquellas dos campanas medio enterradas en la superficie. Cerré los ojos. Un olor a tierra; de cuando en cuando, a lo lejos, bocanadas de aire de los campos cultivados, de las hojas secas caídas, del olor de la madera quemada. Las faenas de aquel día habían pasado al olvido. El día había pasado como un mal sueño. Pero ahora llegaba la noche con su eterno aliento. Oí cómo los soldados cantaban y reían en torno a las hogueras. Tan pronto como salieron las estrellas, los marroquíes entonaron un canto monótono, lleno de pena y de pasión, como el cantar del camellero del Desierto de Arabia. Y de repente, todo este país de España fue como si desapareciera, con sus olivares y sus viñedos, y su grande y desdichada capital que dormitaba junto a nosotros a las orillas del Manzanares. Cuando esta canción del desierto pasó sobre ella la devastó.
Saqué del bolsillo la carta que había encontrado en aquel cadáver en Getafe. Era de una mujer que escribía a su marido, militar, Francisco López. La carta decía así:
"Mi querido Francisco
Había empezado a inquietarme. Me dije a mí misma, algo debe de haberle ocurrido. Pero entonces recibí tu carta, la besé y me puse a gritar de alegría.
Mi querido Francisco, por los periódicos nos hemos enterado de que los nuestros están avanzando y que tú volverás a casita. Siempre estás en mi pensamiento, Francisco, mi Paquito, todo el día, toda la noche.
Te envío un chaleco de lana y dos pares de calcetines. No tengo nada más. Anteayer tía Angélica me envió un poco de mermelada de naranja, te la mando, sé que te gusta, por eso te la envío. Te la mando a ti, maridito mío, para que te la comas y te endulces los labios. Ten cuidado no te resfríes... Piensa en nuestra hija. Ten cuidado, ten cuidado, mi Francisco. Apiádate de nosotros. Aquí, nuestra Carmencita, que quiere también decirte algo. Quiere escribirte ella misma, dice.
(Aquí cambia la escritura. Ahora empiezan unas letras gruesas, desiguales, la mayoría mayúsculas).
Por favor, vuelve, papaíto. ¡Por favor, por favor! Nuestra gata ha tenido cuatro gatitos. Ven a verlos".
 
Trad: Joaquín Maestre, Ed. Júcar
 
Nos dejó a un entrañable personaje, infatigable bailarín y un completo vividor: Zorba el griego. Para Zorba compuso una danza el compositor Theodorakis, de la cual les dejé unos vídeos en mi entrada del día 24 de febrero de 2007. De este personaje también se rodó una película (1964) a partir de la novela Vida y hechos de Alexis Zorba (1946). En la novela son abundantes las conversaciones de carácter filosófico entre Zorba y su patrón.
 
- La culpa es tuya, Zorba - dije por hacerle rabiar -. No tienes fuerzas para concentrar el pensamiento.
- ¿ Acaso lo sé yo, patrón? Depende del modo de ver las cosas. Hay ocasiones en que hasta el mismo sabio Salomón... Mira, un día pasaba yo por una aldehuela. Un viejo abuelo nonagenario estaba plantando un almendro. "¡Eh, padrecito!", le dije, "¿plantando un almendro?" Y él, todo doblado como estaba se vuelve hacia mí y me dijo: "Yo, hijo, obro como si no hubiera de morir nunca". Y yo le respondí: "Obro como si mi muerte fuera inminente". ¿Quién de los dos acertaba, patrón?".
 
Trad: Roberto Guibourg, Ed. Planeta
 
Kazantzakis se verá, además, influenciado por Nietzsche, influencia que se notará en su tragedia y que será permanente en toda su obra, en su falta de fe y en la concepción del superhombre. Sufrió angustia metafísica (o existencial), de la que se intentaba liberar a través del conocimiento, de sus viajes o por el contacto con la gente. Una obra que refleja muy bien sus reflexiones y preocupaciones metafísicas es Ascética. La obra comienza de la siguiente manera:
 
Venimos de un abismo tenebroso; vamos a parar a un abismo tenebroso; al espacio luminoso intermedio llamamos Vida. A
Al punto que nacemos, empieza el regreso; a un mismo tiempo, la partida y el retorno; morimos a cada instante.
Por esto han proclamado muchos: el objeto de la vida es la muerte.
Mas luego que nacemos, comienza el esfuerzo por crear, por componer, por convertir en vida la materia; nacemos a cada instante. Por esto muchos han proclamado: el objeto de la efímera vida es la inmortalidad.
 
Trad: José Ruiz, Ed. Kyklades 
 
Otra de sus obras más importantes es la Odisea, continuadora de la epopeya homérica del mismo nombre, en la que nos cuenta cómo tras volver a Ítaca, Ulises emprende nuevos viajes: a Esparta, donde rapta a Helena, a Creta y a Egipto, donde vive como asceta en una montaña. Al final navega rumbo hacia el Polo Norte, donde encuentra la muerte y la liberación de la materia. La composición consta de veinticuatro cantos y treinta y tres mil trescientos treinta y tres versos (número simbólico para el autor) en decapentasílabos yámbicos.
 
También escribió La última tentación de Cristo (1951), a partir de la cual nació hace unos años otra película del mismo nombre. Y también Cristo de nuevo crucificado (1948). El personaje Manolios representa a Cristo, y a causa de defender a los pobres y la justicia será "de nuevo crucificado". En El capitán Mijalis refleja la lucha de los cretenses por su libertad e intenta resucitar el Heraclion de su infancia (también se conoce esta obra con el nombre de Libertad o muerte). También dejó impresiones generales de sus viajes en una obra titulada Viajando (España, Italia, Egipto, el Sinaí, Guerra Civil española, Japón, China e Inglaterra). Se dedicó igualmente al género teatral, con temática muy variada: Melisa, Ioulianós, Promizeas, Capodistrias, Curos o Ziseas, Konstantinos Paleologos, Jristóforos Colombos, Teseo.
 
Finalmente emprendió un viaje hacia China y Japón, pero estaba enfermo de leucemia y tuvo que retroceder, fue llevado a Friburgo (Alemania) y allí murió. Su tumba está en su ciudad natal, Heraklion, y en su epitafio se puede leer la siguiente frase: "Δεν ελπίζω τίποτα. Δεν φοβάμαι τίποτα. Είμαι λεύτερος = No espero nada. No le tengo miedo a nada. Soy libre".

La figura de Antígona en el mundo del arte

La figura de Antígona en el mundo del arte

Antígona, una mujer que se atreve en la antigua sociedad tebana a enfrentarse contra la ley y desafiar sus mandatos, a oponerse al gobernador Creonte (que es a la vez su tío) en lo referente a la sepultura de su hermano muerto a manos de su otro hermano (Eteocles), decidiendo por su cuenta y riesgo dar sepultura a su hermano Polinices aunque Creonte por ley se lo prohíba reiteradamente. Para este, Polinices no es digno de tal honor puesto que lo considera un traidor que ha desafiado el poder de Tebas. Antígona, por el contrario, considera que sus dos hermanos merecen ser honrados de la misma manera y decide hacerlo ella misma, aunque esto termine por costarle la muerte.
 
Este interesante personaje ha causado conmoción a lo largo de los siglos, y desde que en el siglo V a. C. Sófocles compusiera una tragedia con su nombre no ha dejado de impresionar al mundo. La literatura, la filosofía, la música... distintas disciplinas artísticas y del pensamiento se han servido de esta figura en múltiples ocasiones.
 
Una de las versiones más conocidas es la de Bertolt Brecht (1945), en la que el autor adapta este clásico personaje a su tiempo. Afirma de ella lo siguiente: "Antígona es la historia de una revolucionaria feminista ante un tirano". Según la estudiosa Rocío Orsi Portalo, de la universidad Carlos III de Madrid, Antígona sigue indagando en problemas epistemológicos de la existencia humana pero el concepto marxista de ideología cobra una importancia singular; Brecht se pregunta por la culpabilidad de la sociedad civil en su pasiva colaboración con los nazis. Lo cierto es que desde una perspectiva marxista el problema podría quedarse anclado en un relativismo sin solución posible.
 
La Antígona de Anouilh, de 1942, nos presenta a una adolescente rebelde que planta cara al sistema: joven, inconformista, desafía el poder de su tío Creonte, se atreve a cuestionar la validez del sistema establecido. Según algunos estudiosos (recordemos que esta tragedia fue escrita y estrenada en París durante la ocupación nazi) Creonte representaría a Alemania y Antígona a Francia. Para Anouilh la única forma de escapar de este mundo de decadencia y corrupción política es hallar la muerte. Otra novedad que presenta este autor es que el destino no es algo inamovible, sino que se modifica según obre la sociedad, son los propios individuos los que con sus propias acciones determinan qué es lo que va a ocurrir. Esto se opone totalmente a lo que se ve en Sófocles, para quien es inútil intentar escapar de un destino inevitable. 
 
Otra interesante versión es la de Griselda Gambaro (Antígona furiosa) (1986): feroz crítica contra aquellos que estando en el poder permanecen pasivos ante las cosas injustas y anteponen su autoridad a todas las cosas, defendiendo sus ideas y convicciones con violencia si es necesario. En este caso la referencia es a la historia de Argentina, su país, del que se exilió durante la dictadura militar que hubo en Argentina de 1976 a 1983 con Videla al frente, años que Griselda pasó en Barcelona.
 
De otro autor argentino, la Antígona Vélez (1951) de Leopoldo Marechal. Él pone énfasis en el aspecto religioso y utiliza a Antígona para defender su adhesión al justicialismo. Es la Antígona de la Pampa argentina.  Para información más detallada sobre esta obra y este autor he encontrado este interesante enlace: Antígona Vélez.
 
La Antígona de José María Pemán (1945), como es de suponer por la fecha, está referida a la Guerra Civil española y la primera etapa del franquismo. Para él cada uno de los dos hermanos (Eteocles y Polinices) son el símbolo de las dos Españas enfrentadas. Lo mismo ocurre entre Creonte y Antígona. Esta se convierte en el símbolo de los ideales de paz y fraternidad frente a la opresión política.
 
Pero no sólo en la literatura ha dejado sus huellas esta Antígona de Sófocles, sino que a partir de ella se han originado diversas óperas musicales, de la mano de compositores como Tommasso Traetta (1772), Arthur Honegger (1927), Carl Orff (1949), o más recientemente (1991) Georg Katzer, Antigone oder Die Stadt (Antígona o la ciudad).También la pintura nos ha dejado retratos de Antígonas: en esta imagen que les dejo pueden ver a la de Frederic Leighton.

La música en la Grecia antigua

La música en la Grecia antigua

De la antigua música griega apenas nos ha llegado información: básicamente conocemos los instrumentos empleados gracias fundamentalmente a las vasijas y a fuentes escritas. Los instrumentos más importantes parece ser que fueron la lira, la cítara y el aulós (flauta de lengüeta doble, quizás oboe doble, cuyo uso hoy día perdura sólo en alguna parte de Cerdeña). La información musical de aquella época resulta vaga, pero se saben algunas cosas, como que la nota LA (a la que denomiban "messe" por constituir el centro de su escala musical) era la nota dominante. Constaba de siete modos musicales, cada uno de ellos con una connotación moral particular: Modo hipodórico o eólico (escala de LA), hipofrigio o jonio (escala de SOL), hipolidio (escala de FA), dórico (escala de MI), frigio (escala de RE), lidio (escala de DO) y el mixolidio o hiperdorio (escala de SI).
Resulta evidente que la música era un arte muy importante en la antigua Grecia: comenzando por su propio nombre se erigió como el arte relacionado con las Musas, esos seres divinos de tan grande importancia en la mitología. En la misma mitología se nos da algún indicio de su fuerte poder e influencia sobre las personas cuando conocemos la leyenda de Orfeo, ese que cautivaba a todo el mundo con el sonido de su lira, y que el dios Apolo tocaba la lira. Y no hemos de olvidar la relevancia de esta disciplina en conjunto con la literatura, ya que la tragedia iba acompañada siempre de danza, coro y orquesta musical, y la poesía lírica (a la que la lira dio nombre) también se servía de acompañamiento musical o incluso los poemas se recitaban de manera cantada, y el ditirambo se bailaba y cantaba al son del aulós.
También los cantos épicos iban acompañados de música.
Esta disciplina artística fue estudiada por los filósofos, entre ellos Platón y Aristóteles, y Pitágoras establece una relación entre la música y las matemáticas. En Grecia se empieza a considerar su importancia porque se le atribuye un significado psicológico y espiritual sobre el alma humana y se considera que es de vital importancia para la sociedad.
Ya en el siglo VI a. C. los griegos configuran un sistema de notación musical por primera vez en la historia, empleando los símbolos de un alfabeto arcaico, rectos, invertidos o inclinados según el carácter de su sonido (natural o alterado).
No se sabe gran cosa de cómo podría sonar, pero en los últimos años se vienen haciendo intentos de reconstrucción meramente hipotéticos. Me han hablado de varios discos de música griega, aunque de momento sólo tengo el que les presento: uno de los más fáciles de conseguir: puede que no se trate de una de las reconstrucciones más fieles, pero suena interesante: se trata de una grabación hecha en el Atrium Musicae de Madrid de la mano del compositor Paniagua. Simplemente quería ofrecerles esta recomendación, igual es de su interés.