La primera visita a Atenas
Por fin llegó el momento soñado de aterrizar en Atenas, y por tanto, en la Acrópolis. Aprovechando una chollo oferta de vuelo hice una escapada con un par de amigos a la capital griega, disfrutando así de mi primera estancia en ella. Breve pero muy buena, un paso muy bueno para seguir enamorándome cada día más y más de esta cautivadora Grecia, que ya visité por primera vez en agosto de 2006 por su zona norte.
El 17 de abril estuve en el festival de teatro grecolatino de Segóbriga, y allí, en una representación, alguien entonó "Atenas tiene un color especial". De ello nos hemos acordado durante el viaje porque, efectivamente se le nota un algo especial. La ciudad, una ciudad del sur de Europa, en cuyo centro reposan la Acrópolis, la colina de Philopappou y el monte Licabeto... un paraíso de los más curioso en medio de una aglomerada ciudad sumida en la polución urbana, y allí al fondo, el mar. No dejó de sorprenderme el olor a monte que se respiraba en plena Acrópolis y en el Licabeto (al Philopappou no llegamos a subir, otra vez será). Seducidos por el encanto del barrio de Plaka, la plaza de Monastiraki, los frappés y callejuelas de Kolonaki... el Parlamento cuidando de Syntagma, el Jardín Nacional, y otro pequeño etc. Tampoco conseguimos llegar al Pireo porque, aunque la intención ahí estaba, nos bloqueó el tramo de metro que estaba cortado por obras. Cuando nos íbamos al aeropuerto descubrimos un autobús desde Syntagma al puerto, pero ya era tarde. En cualquier caso, tomaremos nota para una próxima ocasión, y nos conformaremos por lo pronto con el busto de Melina Mercuri que miraba hacia la Puerta de Adriano.
Estábamos alojados cerca de la Estación de Larisis, y junto al albergue teníamos una pastelería donde comprábamos cada día nuestro desayuno, que un día nos lo tomamos a los pies de la Acrópolis, junto al Odeón de Herodes Ático, y otro en las escaleras de uno de los edificios de la Universidad. Yo me tomaba medio litro de batido de chocolate, más 250 ml. de zumo de melocotón, más un pequeño tsoureki (ración individual) lleno de pepitas de chocolate. Lo más sorprendente, además de lo rico que estaba todo, fue el precio: 2.40 euros. Y así fuimos volando, de chollo en chollo... Incluso en las tiendas de recuerdos me puse las botas: en otros lugares un imán para el frigorífico cuesta unos 4 ó 5 euros (conclusión, nunca los compro); en Atenas costaban 1 euro, 1,50: compré ocho. Y menudas tiendas de souvenirs... parecían de obras de arte.
Espero que esto sea un "hasta pronto, Atenas".

Incluso me he animado a emprender una nueva aventura: un nuevo blog: a partir de ahora podéis visitarme también en