Cincuenta años sin Kazantzakis
Asisto asiduamente al seminario de literatura neohelénica que se celebra cada martes en mi facultad (Filología, Universidad Complutense de Madrid) y que organiza ya por segundo año consecutivo mi profesora de griego Penélope Stavrianopulu. Ha preparado para este año un recital poético musical en memoria de Odysseas Elytis que promete mucho, puedo afirmarlo sobre todo porque tuve la ocasión de asistir durante unos instantes a uno de los ensayos y lo que pude ver me pareció sensacional. Así que desde aquí quiero invitaros, en nombre de Penélope, que nos ha rogado encarecidamente que llevemos a nuestros amigos, conocidos y a cuanta gente podamos, y en el mío, a asistir a este recital que se celebrará el martes seis de marzo a las siete y media de la tarde en el paraninfo de la facultad de filología de la Universidad Complutense de Madrid, y cuya asistencia es libre y gratuita. No habrá problemas de sitio, nunca he visto el paraninfo abarrotado, ¡pero a ver si en esta ocasión conseguimos llenarlo! Espero que se anime mucha gente y podamos disfrutar del espectáculo con las poesías de Odysseas Elytis y la música de compositores tales como Mikis Theodorakis, Manos Hadjidakis, Yannis Markópoulos...
Antes de este recital, el Dr. Don José Antonio Moreno Jurado ofrecerá en el aula A-44 de la facultad, a las cuatro y media de la tarde, una de las conferencias que forman parte de este II seminario de literatura neohelénica, cuyo título es: Odiseo Elitis: Arte y autenticidad. La duración aproximada de las conferencias es de una hora.
Para más información sobre Odysseas Elytis les dejo estos enlaces de interés:
Breve biografía de Odysseas Elytis
Bibliografía y un par de poemas
Es uno de los poetas más destacados de la generación de los años treinta, en su producción poética escrita en lengua demótica (la lengua popular) encontramos conjuntos de poemas bajo los títulos de Estrofa, uno de los títulos más significativos, ya que supuso una nueva corriente en la poesía griega; Canto de amor, La Cisterna, Leyenda, Gimnopedia, Cuaderno de ejercicios I y II, Diario de a bordo I, II y III, El Zorzal, Estratís el marinero, y Tres poemas secretos. Abundan en la poesía de Seferis las referencias históricas y mitológicas, al tiempo que bailan en su poesía ciertos ecos homéricos para mostrar que el hombre de ayer y el de hoy presentan la misma personalidad y la misma esencia. También escribió Seferis un conjunto de interesantes ensayos con sus reflexiones personales: en ellos habla de la poesía, de la lengua en la poesía griega, de personajes como Sikelianós, Makriyannis, Kostís Palamás, Kalvos o Konstantino Katsímbalis.
Les dejo con un par de poemas:
NEGACIÓN
En la playa escondida
y blanca como paloma
tuvimos sed un mediodía
pero el agua era salada.
En la arena dorada
escribimos su nombre;
suave sopló la brisa
y la letra se borró.
Con qué coraje, con qué aliento,
con qué deseos y pasión
tomamos nuestra vida: ¡qué error!
y la vida tuvimos que cambiar.
SOBRE UN VERSO EXTRANJERO
Dichoso quien hizo el viaje de Odiseo.
Dichoso si al marchar sintió firme la coraza de un amor
extendida por su cuerpo, como las venas donde
bulle la sangre.
De un amor con cadencia sin fin, invencible como la
música y eterno
porque nació cuando nacimos y cuando nos muramos, si es
que muere, ni nosotros ni nadie lo sabe.
Pido a Dios que me ayude a decir, en un momento de gran
felicidad, cuál es este amor:
me siento a veces rodeado del exilio y escucho su lejano
bramido como el fragor del mar mezclado con la
borrasca inexplicable.
Una y otra vez surge ante mí el fantasma de Odiseo, con
los ojos arrasados por la sal de las olas
y por el deseo maduro de ver de nuevo el humo que brota
del hogar de su morada y su perro ya viejo
aguardándole a la puerta.
Inmenso él, se detiene musitando tras sus barbas encanecidas
palabras en nuestra lengua, como la hablaban
hace tres mil años.
Extiende una mano encallecida por las jarcias y el timón,
con la piel curtida por el cierzo, la canícula
y las nieves.
Parece querer arrojar de nosotros mismos al Cíclope
sobrehumano que mira por un único ojo, a las Sirenas
que te imponen el olvido, si las escuchas,
a Escila y Caribdis:
a tantos monstruos extraños que nos impiden pensar que
también él fue un hombre que luchó en el mundo
con cuerpo y alma.
Es el gran Odiseo: aquel que sugirió construir el caballo
de madera con el que los aqueos conquistaron
Troya.
Sueño que viene a enseñarme cómo construir yo un caballo
de madera con el que conquistar mi propia Troya.
Habla quedo y tranquilo, sin esfuerzo, parece conocerme
como un padre
o como uno de esos viejos marineros que apoyados en sus
redes - cuando había tormenta y bramaba el viento -
me decían, en mis años infantiles, la canción de Erotócrito
con lágrimas en los ojos
- temblaba yo en medio de mi sueño al escuchar la triste
suerte de Areti al bajar los peldaños de mármol.
Me dice el penoso esfuerzo de sentir las velas de tu
nave henchidas de nostalgia y de tu alma
convertida en timón.
Y también que estás solo, inmerso en la tiniebla de la
noche y a la deriva como la parva en la era.
La amargura de ver naufragar a tus amigos entre los
elementos dispersos: uno a uno.
Y qué vigor extraño sientes al hablar con los muertos
cuando los vivos que quedaron ya no bastan.
Habla... Aún veo sus manos que sabían comprobar si estaba
bien tallado, a proa el mascarón
que me den un sereno mar azul en el corazón del invierno.
Trad: Pedro Bádenas de la Peña
Extraído de: Poesía completa , Yorgos Seferis: Ed. Alianza, Madrid, 1989
Hipócrates es una destacada figura de la antigua Grecia de la que apenas se tienen noticias. Nació en Cos en 460 a. C. y murió en Larissa en 377 a.C. Su padre, Heraclides, también fue médico. Hipócrates formó parte de la Escuela de Medicina de Cos, en la que junto a otros médicos comenzó a desvincular la religión de la medicina y esta empezó a constituirse como una ciencia propia. De esta escuela se nos conserva el Corpus Hippocraticum, atribuido a Hipócrates tradicionalmente, aunque seguramente fuera compuesto por varios médicos. Dentro de esta obra tenemos el célebre Juramento Hipocrático.
Juro por Apolo médico, por Asclepio, Higiea y Panacea, así como por todos los dioses y diosas, poniéndolos por testigos, dar cumplimiento en la medida de mis fuerzas y de acuerdo con mi criterio a este juramento y compromiso:
Tener al que me enseñó este arte en igual estima que a mis padres, compartir con él mi hacienda y tomar a mi cargo sus necesidades si le hiciera falta; considerar a sus hijos como hermanos míos y enseñarles este arte, si es que tuvieran necesidad de aprenderlo, de forma gratuita y sin contrato; hacerme cargo de la preceptiva, la instrucción oral y todas las demás enseñanzas de mis hijos, de los de mi maestro y de los discípulos que hayan suscrito el compromiso y estén sometidos por juramento a la ley médica, pero a nadie más.
Haré uso del régimen dietético para ayuda del enfermo, según mi capacidad y recto entender; del daño y la injusticia le preservaré.
No daré a nadie, aunque me lo pida, ningún fármaco letal, ni haré semejante sugerencia. Igualmente tampoco proporcionaré a mujer alguna un pesario abortivo. En pureza y santidad mantendré mi vida y mi arte.
No haré uso del bisturí ni aun con los que sufren del mal de piedra; dejaré esa práctica a los que la practican.
A cualquier casa que entrare acudiré para asistencia del enfermo, fuera de todo agravio intencionado o corrupción, en especial de tratos sexuales con las personas, ya sean hombres o mujeres, esclavos o libres.
Lo que en el tratamiento, o incluso fuera de él, viere u oyere en relación con la vida de los hombres, lo que no debe trascender jamás, lo callaré teniéndolo por secreto.
En consecuencia, séame dado, si a este juramento fuera fiel y no lo quebrantare, el gozar de mi vida y de mi arte, siempre celebrado entre todos los hombres. Mas si lo transgredo y comento perjurio, sea de esto todo lo contrario.
Trad: Dolores Lara.
Además de este juramento, Hipócrates nos ha dejado frases célebres como estas:
"Que la comida sea tu alimento y el alimento tu medicina".
"La vida es breve, el arte largo, la ocasión fugaz, vacilante la experiencia y difícil el juicio".
"La fiebre de la enfermedad la provoca el cuerpo propio, la del amor el cuerpo del otro".
"Los jóvenes de hoy no parecen tener respeto alguno por el pasado ni esperanza alguna para el porvenir".
"Ni la sociedad, ni el hombre, ni ninguna otra cosa deben sobrepasar para ser buenos los límites establecidos por la naturaleza".
"La guerra es la mejor escuela del cirujano".
"Tus fuerzas naturales, las que están dentro de ti, serán las que curarán tus enfermedades".
"Hay una circulación común, una respiración común. Todas las cosas están relacionadas".
Heródoto de Halicarnaso y Tucídides de Atenas son considerados los padres de la historia. Vivieron ambos en el siglo de Pericles (siglo V a.C.), considerado como la edad de oro griega. Este gobernante democrático llamado Pericles fomentó la cultura y llevó a Atenas a una etapa de esplendor sin igual, gracias a lo cual conocemos este siglo con su nombre. En este período histórico convivieron grandes y muy brillantes personajes para la historia de Grecia.
Quiero referirme a dos autores distintos, a dos perspectivas distintas, a los dos padres de la historia. Por una parte, Heródoto escribe unas Historias divididas en nueve libros (con los nombres de las nueve Musas: Calíope, Clío, Talía, Euterpe, Terpsícora, Melpómene, Erato, Urania y Polimnia) que han sido narrados a partir de sus experiencias por las mismas tierras que visitaba Heródoto. Su historia se entremezcla con ciertos elementos míticos, mágicos o religiosos, sin dejar claro en algunas ocasiones cuándo se trata de una leyenda ficticia o cuándo se refiere a un hecho verídico. En cualquier caso, con frecuencia nos encontramos con leyendas populares que resulta evidente que nunca fueron acontecimientos reales. Nos da una historia llena de detalles de todo tipo y nos ofrece una lectura agradable llena de curiosidades. Me resultaba difícil elegir un fragmento pero al final me he decantado por una pequeña alabanza a la democracia.
Los atenienses, pues, aumentaban su fuerza. Se demuestra que la libertad de palabra, no sólo desde un punto de vista, sino de todos, es algo valioso y bello, pues cuando los atenienses tenían tiranos no fueron superiores en la guerra ni a uno solo de sus vecinos; ahora que se vieron libres de tiranos, fueron con mucho los primeros. Ello demuestra que, cuando estaban sometidos, eran cobardes intencionadamente porque trabajaban para un señor: pero, cuando quedaron libres, cada uno se afanaba en realizar obras en beneficio propio.
Trad: Manuel Balasch, Ed. Cátedra. 78 - Libro V Historia , Heródoto
Por otra parte tenemos a Tucídides, un hijo de la sofística ateniense. Él busca en su obra la verdad y determinar la causa profunda de los hechos, por lo que intenta ser objetivo. Su obra está está dotada de un carácter más racional que la de Heródoto. Compara hechos del pasado con el presente y hace uso frecuente del discurso, puesto en boca de personajes ilustres con ideas de cada uno de ellos, aunque se trata de discursos ficticios. Juega con el lenguaje y lo tiñe de retórica y elegancia sin llegar a ser para nada recargado. Por su lenguaje sabemos que su obra estaba destinada a un público culto. De Tucídides les dejo la siguiente frase:
Es difícil hablar con exactitud en momentos en los que difícilmente está segura incluso la apreciación de la verdad.
II-35 Historia de la guerra del Peloponeso, Tucídides, Trad: Guzmán Guerra
A través de este mi blog yo quisiera invitar a aquellos que aún no lo hayan hecho a que recorran la historia de manos de autores clásicos de este calibre. Estos dos historiadores son una buena prueba de la calidad de la literatura clásica, su lectura es amena y se disfruta al tiempo que se aprenden bastantes cosas. Su lectura es desde luego un emocionante viaje, en el caso de Heródoto por distintos pueblos de aquella época, y en el de Tucídides por Atenas. Yo lo tengo claro: seguiré viajando con ellos.
Hoy he pensado que sería una buena idea dejarles un enlace para que puedan escuchar el himno de Grecia. La letra de este himno no es otra que la de El Himno a la Libertad de Dionisio Solomós, el poeta nacional griego, en concreto los primeros versos de su poema. La música corresponde a Nikolaos Mantzaros. Ambos son de la isla de Zante. En la página que les enlazo encontrarán su letra tanto en griego como en español.
Solomós compuso con veinte años su Himno a la Libertad (en 1823), un poema nacido a raíz de la revolución de 1821, en la cual los griegos se enfrentaban contra los turcos en favor de su liberación. Sus obras fundamentales aparte de la ya citada son El Cretense, en el que un náufrago de la isla de Creta procura salvar a su amada de una fuerte tempestad, poema dotado de gran lirismo, y Los sitiados libres, haciendo referencia a los asediados de Misolonghi en el segundo asedio que sufre la ciudad. Son acontecimientos muy cercanos a Solomós que sin embargo no cuenta de manera reciente, sino que escribe sobre ellos años después, desde su memoria. Se trata de una obra inconclusa que quizá también fuera la preferida del mismo Solomós.