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Filohelenismo // Φιλελληνισμός

Literatura griega

Cincuenta años sin Kazantzakis

Cincuenta años sin Kazantzakis
Se cumple este año el quincuagésimo aniversario de la muerte del autor cretense, natural de Heraklion, Nikos Kazantzakis (1885- 26 de octubre de 1957), uno de los más grandes que el mundo puede contemplar. Se licenció en Derecho en Atenas y estuvo dos años en París, donde recibió influencias del maestro Bergson, sobre su filosofía de lo irracional y su teoría del impulso vital, y al regresar de nuevo a Grecia se dedica a traducir obras filosóficas. Durante los años siguientes hará varios viajes (Suiza, Rusia) por motivos políticos (repatriar a griegos del Cáucaso). Más tarde permanece en Viena y después en Berlín, donde convive con las dificultades propias de un tiempo de posguerra. De su temporada en Rusia se sentirá inspirado para la creación de su novela Toda-Raba. De esa novela les muestro estos dos fragmentos:
 
Ha cesado la lluvia. Una fila de patos salvajes pasa, con sus largos cuellos erguidos. Desde lejos, brilla y ríe, entre las altas montañas, el lago azul de Baikal. En la pequeña ciudad de Slubianka, un joven vagabundo harapiento trepa apresuradamente en el tren. Su cabeza está ensangrentada, vocifera y cae en el asiento. El inspector le pide su billete. El vagabundo hurga febrilmente en sus bolsillos y saca un puñado de migas de pan negro; lo aprieta con furor, lo despedaza entre sus manos sucias, llenas de sangre. El pan se convierte pronto en una masa blanda. El vagabundo comienza a modelarla con precipitación. Y he aquí que aparece un cráneo mondo, una naricilla, una boca ancha y sarcástica, ojillos oblicuos, una perilla. El vagabundo se yergue, altivo; ofrece al inspector, en vez del billete, la cabeza de Lenin modelada con el pan. En la horrible mano que la sostiene esa cabeza sonríe con intensa y trémula vida. Todo el vagón se echa a reír. El inspector se enfada; coge rudamente al escultor de Lenin; lo entrega al miliciano que ha acudido. El vagabundo, viendo entonces que Lenin no le sirve de nada, despedaza su obra con furiosa mano y la cara fina del profeta vuelve a ser una masa sangrienta.
 
- Me recuerda usted al pobre filósofo de la barca. Dijo el barquero: <<¿Conoces la filosofía?>> <>. <<¿No? Entonces has perdido la mitad de tu vida>>. Poco después comienza una furiosa tempestad. << Eh, filósofo - grita el barquero -, ¿sabes nadar?>>. <>. <<¿No? Entonces has perdido tu vida entera>>.
 
Trad: Hernán del Solar, Ed. Planeta
 
También viajó por España, y también escribió sobre ella. Precisamente así se llama una de sus obras: España. Y otra también sobre lo mismo es Viva la muerte. En ellas nos habla de distintas ciudades españolas mientras permanecía en nuestro país antes y durante la Guerra Civil, como corresponsal y agudo observador de la realidad del momento. Al leerla apreciamos claramente lo bien que llegó a conocer España:
 
Córdoba:
 
Más allá de Toledo, las cadenas montañosas son desnudas, leonadas. Gracia ática y primitivismo árabe. De cuando en cuando, destaca en la cumbre de la más alta colina un castillo medieval, con las murallas medio en ruinas y las puertas de la fortaleza evadidas de su sitio, abiertas y derribadas, los muros cubiertos de una hiedra hambrienta, el último enemigo que logró escalarlos. Frente al pueblo, una pequeña iglesia con un diminuto campanario blanco. A lo lejos, parecía como si fuera un pato alargando el cuello. Las casitas le seguían detrás como patitos caminando ladera abajo. Al pasar velozmente el tren, todo el rebaño tomaba vida y parecía correr precipitadamente en dirección contraria.
Aquí y allá, relucían sobre la tierra roja piedras blancas, como cardos blancos florecidos. Ni una sombra en ninguna parte, todo lleno de una luz cruda y vertical. Entonces, de repente en una cumbre, vi el primer molino de viento. Tieso, con su escudo protegiendo el alado armazón, erguido allí bajo la luz del sol, parecía realmente un guerrero medieval vestido con su casco gris y cubierto con su armadura, presto para el ataque.
¡Con cuánta razón tomó don Quijote a los molinos por gigantes, y cuán castellana era su lógica! En seguida, a la vuelta de la colina, aparecieron otros, todos en línea recta, uno tras otro como un ejército. Al parar en la estación, se oyó de repente el sonido de un profundo arroyuelo cacareando de piedra en piedra, como la risa de Sancho.
 
Toledo:
 
Pero cuando llegué a Toledo y empecé a trepar por sus estrechas callejuelas, era una mañana tranquila y agradable. Las mujeres volvían de la famosa plaza árabe, la plaza de Zocodover, con los cestos llenos de verduras y pimientos rojos. Las pesadas campanas de la Catedral resonaban con una voz profunda y cansada. Las casas estaban abiertas, inundadas de luz, y dentro de los fríos patios interiores, las muchachas regaban sus pintadas macetas. Como suele ocurrir, el aterrador contacto con la realidad no se produjo bajo la forma del rayo, de una llamarada de fuego o de una gran idea. Llegó como una suave brisa de primavera.
¡Qué lástima que busquemos ruinas pintorescas y apartados rincones románticos en las ciudades antiguas y famosas, lugares en los que, junto con los demás decorados, nuestra alocada imaginación desearía solazarse con bullicioso regocijo! Es muy difícil contemplar con nuestros propios ojos un lugar cuando un poeta ha pasado por él antes que nosotros. España es el descubrimiento de unos pocos poetas y pintores y de unos cuantos extravagantes turistas. Desde entonces han encendido nuestra imaginación las mantillas, corridas de toros, las castañuelas, los gitanos de Granada, las cerilleras de Sevilla y los jardines de Valencia.
 
Madrid camina hacia su destrucción 1ª parte:
 
Cayó la noche. Las nubes escamparon. Las estrellas del otoño parecían enormes, suspendidas sobre Madrid y sus enemigos. Los disparos del cañón se habían interrumpido. Los aeroplanos se habían tumbado, ocultos en sus cuevas. Y los soldados habían encendido fuego para calentarse y cocinar.
¿Cómo podría ahora abandonar Madrid y regresar a Toledo? Observé ávidamente Madrid, envuelto en las brumas de humo del atardecer. Negra y amenazadora, la noche surgía de las entrañas de la tierra, ocultando los jardines, las calles y las casas. Un soldado falangista me dio un panfleto impreso encontrado en la mochila de un rojo que había resultado muerto:
1º Amar a Madrid por encima de todas las cosas.
2º Guardar tu juramento de morir por tu amado Madrid.
3º Bendecir su suelo con tu sangre.
4º Honrar a tus heroicos antepasados que murieron por la Idea.
5º Morir matando.
6º Negarte a entregar tu esposa a los marroquíes.
7º Defender tus libertades con uñas y dientes, hasta el último instante.
8º Luchar con denuedo contra la falsedad y la esclavitud.
9º Expulsar a los salvajes marroquíes de nuestro país.
10º Hacer de Madrid la tumba de Franco.
Mientras leía cuidadosamente los diez mandamientos de los rojos sentí el cálido aliento de alguien que jadeaba a mis espaldas. Cinco o seis marroquíes se hallaban acuclillados en el suelo detrás de mí. Contemplaban Madrid fijamente, con las armas sobre las rodillas. Sus ojos ardían con una codicia inefable. Estaban avistando el Paraíso: una ciudad rica, llena de oro, de sedas, de mujeres y de infieles a los que dar muerte.
Regresé y me eché cerca de la iglesia, entre aquellas dos campanas medio enterradas en la superficie. Cerré los ojos. Un olor a tierra; de cuando en cuando, a lo lejos, bocanadas de aire de los campos cultivados, de las hojas secas caídas, del olor de la madera quemada. Las faenas de aquel día habían pasado al olvido. El día había pasado como un mal sueño. Pero ahora llegaba la noche con su eterno aliento. Oí cómo los soldados cantaban y reían en torno a las hogueras. Tan pronto como salieron las estrellas, los marroquíes entonaron un canto monótono, lleno de pena y de pasión, como el cantar del camellero del Desierto de Arabia. Y de repente, todo este país de España fue como si desapareciera, con sus olivares y sus viñedos, y su grande y desdichada capital que dormitaba junto a nosotros a las orillas del Manzanares. Cuando esta canción del desierto pasó sobre ella la devastó.
Saqué del bolsillo la carta que había encontrado en aquel cadáver en Getafe. Era de una mujer que escribía a su marido, militar, Francisco López. La carta decía así:
"Mi querido Francisco
Había empezado a inquietarme. Me dije a mí misma, algo debe de haberle ocurrido. Pero entonces recibí tu carta, la besé y me puse a gritar de alegría.
Mi querido Francisco, por los periódicos nos hemos enterado de que los nuestros están avanzando y que tú volverás a casita. Siempre estás en mi pensamiento, Francisco, mi Paquito, todo el día, toda la noche.
Te envío un chaleco de lana y dos pares de calcetines. No tengo nada más. Anteayer tía Angélica me envió un poco de mermelada de naranja, te la mando, sé que te gusta, por eso te la envío. Te la mando a ti, maridito mío, para que te la comas y te endulces los labios. Ten cuidado no te resfríes... Piensa en nuestra hija. Ten cuidado, ten cuidado, mi Francisco. Apiádate de nosotros. Aquí, nuestra Carmencita, que quiere también decirte algo. Quiere escribirte ella misma, dice.
(Aquí cambia la escritura. Ahora empiezan unas letras gruesas, desiguales, la mayoría mayúsculas).
Por favor, vuelve, papaíto. ¡Por favor, por favor! Nuestra gata ha tenido cuatro gatitos. Ven a verlos".
 
Trad: Joaquín Maestre, Ed. Júcar
 
Nos dejó a un entrañable personaje, infatigable bailarín y un completo vividor: Zorba el griego. Para Zorba compuso una danza el compositor Theodorakis, de la cual les dejé unos vídeos en mi entrada del día 24 de febrero de 2007. De este personaje también se rodó una película (1964) a partir de la novela Vida y hechos de Alexis Zorba (1946). En la novela son abundantes las conversaciones de carácter filosófico entre Zorba y su patrón.
 
- La culpa es tuya, Zorba - dije por hacerle rabiar -. No tienes fuerzas para concentrar el pensamiento.
- ¿ Acaso lo sé yo, patrón? Depende del modo de ver las cosas. Hay ocasiones en que hasta el mismo sabio Salomón... Mira, un día pasaba yo por una aldehuela. Un viejo abuelo nonagenario estaba plantando un almendro. "¡Eh, padrecito!", le dije, "¿plantando un almendro?" Y él, todo doblado como estaba se vuelve hacia mí y me dijo: "Yo, hijo, obro como si no hubiera de morir nunca". Y yo le respondí: "Obro como si mi muerte fuera inminente". ¿Quién de los dos acertaba, patrón?".
 
Trad: Roberto Guibourg, Ed. Planeta
 
Kazantzakis se verá, además, influenciado por Nietzsche, influencia que se notará en su tragedia y que será permanente en toda su obra, en su falta de fe y en la concepción del superhombre. Sufrió angustia metafísica (o existencial), de la que se intentaba liberar a través del conocimiento, de sus viajes o por el contacto con la gente. Una obra que refleja muy bien sus reflexiones y preocupaciones metafísicas es Ascética. La obra comienza de la siguiente manera:
 
Venimos de un abismo tenebroso; vamos a parar a un abismo tenebroso; al espacio luminoso intermedio llamamos Vida. A
Al punto que nacemos, empieza el regreso; a un mismo tiempo, la partida y el retorno; morimos a cada instante.
Por esto han proclamado muchos: el objeto de la vida es la muerte.
Mas luego que nacemos, comienza el esfuerzo por crear, por componer, por convertir en vida la materia; nacemos a cada instante. Por esto muchos han proclamado: el objeto de la efímera vida es la inmortalidad.
 
Trad: José Ruiz, Ed. Kyklades 
 
Otra de sus obras más importantes es la Odisea, continuadora de la epopeya homérica del mismo nombre, en la que nos cuenta cómo tras volver a Ítaca, Ulises emprende nuevos viajes: a Esparta, donde rapta a Helena, a Creta y a Egipto, donde vive como asceta en una montaña. Al final navega rumbo hacia el Polo Norte, donde encuentra la muerte y la liberación de la materia. La composición consta de veinticuatro cantos y treinta y tres mil trescientos treinta y tres versos (número simbólico para el autor) en decapentasílabos yámbicos.
 
También escribió La última tentación de Cristo (1951), a partir de la cual nació hace unos años otra película del mismo nombre. Y también Cristo de nuevo crucificado (1948). El personaje Manolios representa a Cristo, y a causa de defender a los pobres y la justicia será "de nuevo crucificado". En El capitán Mijalis refleja la lucha de los cretenses por su libertad e intenta resucitar el Heraclion de su infancia (también se conoce esta obra con el nombre de Libertad o muerte). También dejó impresiones generales de sus viajes en una obra titulada Viajando (España, Italia, Egipto, el Sinaí, Guerra Civil española, Japón, China e Inglaterra). Se dedicó igualmente al género teatral, con temática muy variada: Melisa, Ioulianós, Promizeas, Capodistrias, Curos o Ziseas, Konstantinos Paleologos, Jristóforos Colombos, Teseo.
 
Finalmente emprendió un viaje hacia China y Japón, pero estaba enfermo de leucemia y tuvo que retroceder, fue llevado a Friburgo (Alemania) y allí murió. Su tumba está en su ciudad natal, Heraklion, y en su epitafio se puede leer la siguiente frase: "Δεν ελπίζω τίποτα. Δεν φοβάμαι τίποτα. Είμαι λεύτερος = No espero nada. No le tengo miedo a nada. Soy libre".

La figura de Antígona en el mundo del arte

La figura de Antígona en el mundo del arte
Antígona, una mujer que se atreve en la antigua sociedad tebana a enfrentarse contra la ley y desafiar sus mandatos, a oponerse al gobernador Creonte (que es a la vez su tío) en lo referente a la sepultura de su hermano muerto a manos de su otro hermano (Eteocles), decidiendo por su cuenta y riesgo dar sepultura a su hermano Polinices aunque Creonte por ley se lo prohíba reiteradamente. Para este, Polinices no es digno de tal honor puesto que lo considera un traidor que ha desafiado el poder de Tebas. Antígona, por el contrario, considera que sus dos hermanos merecen ser honrados de la misma manera y decide hacerlo ella misma, aunque esto termine por costarle la muerte.
 
Este interesante personaje ha causado conmoción a lo largo de los siglos, y desde que en el siglo V a. C. Sófocles compusiera una tragedia con su nombre no ha dejado de impresionar al mundo. La literatura, la filosofía, la música... distintas disciplinas artísticas y del pensamiento se han servido de esta figura en múltiples ocasiones.
 
Una de las versiones más conocidas es la de Bertolt Brecht (1945), en la que el autor adapta este clásico personaje a su tiempo. Afirma de ella lo siguiente: "Antígona es la historia de una revolucionaria feminista ante un tirano". Según la estudiosa Rocío Orsi Portalo, de la universidad Carlos III de Madrid, Antígona sigue indagando en problemas epistemológicos de la existencia humana pero el concepto marxista de ideología cobra una importancia singular; Brecht se pregunta por la culpabilidad de la sociedad civil en su pasiva colaboración con los nazis. Lo cierto es que desde una perspectiva marxista el problema podría quedarse anclado en un relativismo sin solución posible.
 
La Antígona de Anouilh, de 1942, nos presenta a una adolescente rebelde que planta cara al sistema: joven, inconformista, desafía el poder de su tío Creonte, se atreve a cuestionar la validez del sistema establecido. Según algunos estudiosos (recordemos que esta tragedia fue escrita y estrenada en París durante la ocupación nazi) Creonte representaría a Alemania y Antígona a Francia. Para Anouilh la única forma de escapar de este mundo de decadencia y corrupción política es hallar la muerte. Otra novedad que presenta este autor es que el destino no es algo inamovible, sino que se modifica según obre la sociedad, son los propios individuos los que con sus propias acciones determinan qué es lo que va a ocurrir. Esto se opone totalmente a lo que se ve en Sófocles, para quien es inútil intentar escapar de un destino inevitable. 
 
Otra interesante versión es la de Griselda Gambaro (Antígona furiosa) (1986): feroz crítica contra aquellos que estando en el poder permanecen pasivos ante las cosas injustas y anteponen su autoridad a todas las cosas, defendiendo sus ideas y convicciones con violencia si es necesario. En este caso la referencia es a la historia de Argentina, su país, del que se exilió durante la dictadura militar que hubo en Argentina de 1976 a 1983 con Videla al frente, años que Griselda pasó en Barcelona.
 
De otro autor argentino, la Antígona Vélez (1951) de Leopoldo Marechal. Él pone énfasis en el aspecto religioso y utiliza a Antígona para defender su adhesión al justicialismo. Es la Antígona de la Pampa argentina.  Para información más detallada sobre esta obra y este autor he encontrado este interesante enlace: Antígona Vélez.
 
La Antígona de José María Pemán (1945), como es de suponer por la fecha, está referida a la Guerra Civil española y la primera etapa del franquismo. Para él cada uno de los dos hermanos (Eteocles y Polinices) son el símbolo de las dos Españas enfrentadas. Lo mismo ocurre entre Creonte y Antígona. Esta se convierte en el símbolo de los ideales de paz y fraternidad frente a la opresión política.
 
Pero no sólo en la literatura ha dejado sus huellas esta Antígona de Sófocles, sino que a partir de ella se han originado diversas óperas musicales, de la mano de compositores como Tommasso Traetta (1772), Arthur Honegger (1927), Carl Orff (1949), o más recientemente (1991) Georg Katzer, Antigone oder Die Stadt (Antígona o la ciudad).También la pintura nos ha dejado retratos de Antígonas: en esta imagen que les dejo pueden ver a la de Frederic Leighton.

Cita con Elytis el seis de marzo

Cita con Elytis el seis de marzo

Asisto asiduamente al seminario de literatura neohelénica que se celebra cada martes en mi facultad (Filología, Universidad Complutense de Madrid) y que organiza ya por segundo año consecutivo mi profesora de griego Penélope Stavrianopulu. Ha preparado para este año un recital poético musical en memoria de Odysseas Elytis que promete mucho, puedo afirmarlo sobre todo porque tuve la ocasión de asistir durante unos instantes a uno de los ensayos y lo que pude ver me pareció sensacional. Así que desde aquí quiero invitaros, en nombre de Penélope, que nos ha rogado encarecidamente que llevemos a nuestros amigos, conocidos y a cuanta gente podamos, y en el mío, a asistir a este recital que se celebrará el martes seis de marzo a las siete y media de la tarde en el paraninfo de la facultad de filología de la Universidad Complutense de Madrid, y cuya asistencia es libre y gratuita. No habrá problemas de sitio, nunca he visto el paraninfo abarrotado, ¡pero a ver si en esta ocasión conseguimos llenarlo! Espero que se anime mucha gente y podamos disfrutar del espectáculo con las poesías de Odysseas Elytis y la música de compositores tales como Mikis Theodorakis, Manos Hadjidakis, Yannis Markópoulos...

Antes de este recital, el Dr. Don José Antonio Moreno Jurado ofrecerá en el aula A-44 de la facultad, a las cuatro y media de la tarde, una de las conferencias que forman parte de este II seminario de literatura neohelénica, cuyo título es: Odiseo Elitis: Arte y autenticidad. La duración aproximada de las conferencias es de una hora.

Para más información sobre Odysseas Elytis les dejo estos enlaces de interés:

Breve biografía de Odysseas Elytis

Bibliografía y un par de poemas


 

Los Himnos Homéricos, Homero, recuerdos...

Los Himnos Homéricos, Homero, recuerdos...
En primero de carrera nuestra profesora de griego nos mandó leer el Himno a Afrodita de los Himnos Homéricos. Se trata de una historia breve que me resultó tan amena que cuando mi hermana me preguntó que qué quería para mi cumpleaños le respondí que quería los Himnos Homéricos. Guardo un grato recuerdo de aquella noche en que me leí aquel himno sin un breve respiro, disfrutando de la historia en la que Afrodita se enamora del mortal Anquises y lo seduce, naciendo de esta relación entre diosa y mortal el héroe Eneas. Es, sin duda, el que mejor recuerdo, pero no puedo olvidar los buenos ratos que he pasado (y seguramente pasaré de nuevo) con este libro. Lo que es una lástima es que de estos treinta y tres himnos la mayoría aparezcan ya muy fragmentados y se conserven tan poquitos enteros.
Sin saber si será Homero o no el responsable de estos himnos épicos (parece ser que en realidad no eran suyos, pero por sus ecos homéricos han sido denominados así tradicionalmente) no puedo dejar de recordar la primera vez que leí la Odisea. Fue con once años y durante un verano, y entonces comencé a notar que los clásicos me marcaban de un modo especial. Desde entonces mi libro favorito ha sido siempre la Odisea, que volví a leer en ocasiones posteriores (y que pienso volver a hacerlo). Y resulta que fue el primer libro que me leía de un autor griego, quizá también de la literatura grecolatina, aunque no recuerdo exactamente si leí primero la Odisea y después Los Gemelos de Plauto, o fue al revés. En cualquier caso estos dos libros fueron mis primeras lecturas de las clásicas Grecia y Roma, y ambas me entusiasmaron completamente. De Homero me deslumbraban su narración y las maravillosas historias que me contaba; con Los Gemelos me moría de la risa. Tanto Homero como el latino Plauto se quedaron desde entonces grabados de una forma especial en mi memoria y no puedo dejar de recordarlos con cierto cariño desde aquella etapa en que comenzaba a ver su final la luz de mi infancia.

El poeta Yorgos Seferis

El poeta Yorgos Seferis
Yorgos Seferiadis (Seferis es su pseudónimo): el premio Nobel de literatura de 1963. Se trata de un poeta griego nacido en Esmirna en 1900 que en 1914 se traslada a Atenas y allí comienza a escribir sus primeros poemas. En 1918 se traslada a París, donde comienza sus estudios de Derecho, y permanece allí hasta 1924. Colabora entonces con una revista estudiantil llamada “Altar”, en la que participa bajo el pseudónimo de Yorgos Skaliotis. No le pudo resultar de ningún modo ajeno el dolor producido por la Catástrofe de Asia Menor que sufría en aquel entonces Grecia, así que pasó una etapa bastante inestable con crisis emocionales y continuo sufrimiento. También en esta etapa escribe algunos poemas en francés. Al terminar sus estudios pasa unos meses en Londres y finalmente regresa a Atenas en 1925. Cuando lee las Memorias de Makriyannis queda fascinado y las relee una y otra vez, llegando a afirmar que de esta forma Makriyannis fue su más firme maestro. Cuando su padre Stelios es nombrado rector de la Universidad de Atenas en 1933 se trasladan a Plaka. Participa en varias ocasiones como agregado del Ministerio de Asuntos Exteriores y Secretario de la Embajada. En 1942 se dirige a El Cairo como jefe de la Dirección de Prensa e Información del Gobierno Griego. Allí, y en Alejandría, da conferencias sobre el poeta Palamás y sobre Makriyannis. Colabora en Alejandría con los intelectuales progresistas de la Organización por la Liberación de Grecia (EAS). Posteriormente también es nombrado director de la Secretaría Política del regente y asesor del Teatro Nacional. Fue además embajador en Londres, en el Líbano, Siria, Jordania e Irak. Fue nombrado doctor Honoris Causa por la Univerdad de Cambridge, donde habitualmente se pronunciaban los nombramientos en latín. Pues bien, esta ocasión constituyó una excepción, ya que el nombramiento de Seferis se pronunció en griego clásico. También fue nombrado doctor Honoris Causa por las Universidades de Tesalónica, de Princeton y de Oxford. Recibió, además del ya nombrado premio Nobel, el Palamás y el Foyle. En 1969 redacta un manifiesto contra la dictadura que le supone la pérdida de su título de Embajador honorífico y, cuando muere dos años después en Atenas, su entierro se convierte en una multitudinaria manifestación contra la dictadura. Durante este acto se cantan su poema Άρνηση (Negación, con música de Theodorakis), la canción popular cretense Πότε θα κάνει ξαστεριά (Cuándo habrá un cielo estrellado) y el himno nacional.

Es uno de los poetas más destacados de la generación de los años treinta, en su producción poética escrita en lengua demótica (la lengua popular) encontramos conjuntos de poemas bajo los títulos de Estrofa, uno de los títulos más significativos, ya que supuso una nueva corriente en la poesía griega; Canto de amor, La Cisterna, Leyenda, Gimnopedia, Cuaderno de ejercicios I y II, Diario de a bordo I, II y III, El Zorzal, Estratís el marinero, y Tres poemas secretos. Abundan en la poesía de Seferis las referencias históricas y mitológicas, al tiempo que bailan en su poesía ciertos ecos homéricos para mostrar que el hombre de ayer y el de hoy presentan la misma personalidad y la misma esencia. También escribió Seferis un conjunto de interesantes ensayos con sus reflexiones personales: en ellos habla de la poesía, de la lengua en la poesía griega, de personajes como Sikelianós, Makriyannis, Kostís Palamás, Kalvos o Konstantino Katsímbalis.

Les dejo con un par de poemas:

NEGACIÓN

En la playa escondida

y blanca como paloma

tuvimos sed un mediodía

pero el agua era salada.

 

En la arena dorada

escribimos su nombre;

suave sopló la brisa

y la letra se borró.

 

Con qué coraje, con qué aliento,

con qué deseos y pasión

tomamos nuestra vida: ¡qué error!

y la vida tuvimos que cambiar.

 

SOBRE UN VERSO EXTRANJERO

Dichoso quien hizo el viaje de Odiseo.

Dichoso si al marchar sintió firme la coraza de un amor

extendida por su cuerpo, como las venas donde

bulle la sangre.

 

De un amor con cadencia sin fin, invencible como la

música y eterno

porque nació cuando nacimos y cuando nos muramos, si es

que muere, ni nosotros ni nadie lo sabe.

 

Pido a Dios que me ayude a decir, en un momento de gran

felicidad, cuál es este amor:

me siento a veces rodeado del exilio y escucho su lejano

bramido como el fragor del mar mezclado con la

borrasca inexplicable.

 

Una y otra vez surge ante mí el fantasma de Odiseo, con

los ojos arrasados por la sal de las olas

y por el deseo maduro de ver de nuevo el humo que brota

del hogar de su morada y su perro ya viejo

aguardándole a la puerta.

 

Inmenso él, se detiene musitando tras sus barbas encanecidas

palabras en nuestra lengua, como la hablaban

hace tres mil años.

Extiende una mano encallecida por las jarcias y el timón,

con la piel curtida por el cierzo, la canícula

y las nieves.

 

Parece querer arrojar de nosotros mismos al Cíclope

sobrehumano que mira por un único ojo, a las Sirenas

que te imponen el olvido, si las escuchas,

a Escila y Caribdis:

a tantos monstruos extraños que nos impiden pensar que

también él fue un hombre que luchó en el mundo

con cuerpo y alma.

 

Es el gran Odiseo: aquel que sugirió construir el caballo

de madera con el que los aqueos conquistaron

Troya.

Sueño que viene a enseñarme cómo construir yo un caballo

de madera con el que conquistar mi propia Troya.

 

Habla quedo y tranquilo, sin esfuerzo, parece conocerme

como un padre

o como uno de esos viejos marineros que apoyados en sus

redes - cuando había tormenta y bramaba el viento -

me decían, en mis años infantiles, la canción de Erotócrito

con lágrimas en los ojos

- temblaba yo en medio de mi sueño al escuchar la triste

suerte de Areti al bajar los peldaños de mármol.

 

Me dice el penoso esfuerzo de sentir las velas de tu

nave henchidas de nostalgia y de tu alma

convertida en timón.

Y también que estás solo, inmerso en la tiniebla de la

noche y a la deriva como la parva en la era.

 

La amargura de ver naufragar a tus amigos entre los

elementos dispersos: uno a uno.

Y qué vigor extraño sientes al hablar con los muertos

cuando los vivos que quedaron ya no bastan.

 

Habla... Aún veo sus manos que sabían comprobar si estaba

bien tallado, a proa el mascarón

que me den un sereno mar azul en el corazón del invierno.

 

Trad: Pedro Bádenas de la Peña

Extraído de: Poesía completa , Yorgos Seferis: Ed. Alianza, Madrid, 1989

 

La figura de Hipócrates: el padre de la medicina

La figura de Hipócrates: el padre de la medicina

Hipócrates es una destacada figura de la antigua Grecia de la que apenas se tienen noticias. Nació en Cos en 460 a. C. y murió en Larissa en 377 a.C. Su padre, Heraclides, también fue médico. Hipócrates formó parte de la Escuela de Medicina de Cos, en la que junto a otros médicos comenzó a desvincular la religión de la medicina y esta empezó a constituirse como una ciencia propia. De esta escuela se nos conserva el Corpus Hippocraticum, atribuido a Hipócrates tradicionalmente, aunque seguramente fuera compuesto por varios médicos. Dentro de esta obra tenemos el célebre Juramento Hipocrático.

Juro por Apolo médico, por Asclepio, Higiea y Panacea, así como por todos los dioses y diosas, poniéndolos por testigos, dar cumplimiento en la medida de mis fuerzas y de acuerdo con mi criterio a este juramento y compromiso:

Tener al que me enseñó este arte en igual estima que a mis padres, compartir con él mi hacienda y tomar a mi cargo sus necesidades si le hiciera falta; considerar a sus hijos como hermanos míos y enseñarles este arte, si es que tuvieran necesidad de aprenderlo, de forma gratuita y sin contrato; hacerme cargo de la preceptiva, la instrucción oral y todas las demás enseñanzas de mis hijos, de los de mi maestro y de los discípulos que hayan suscrito el compromiso y estén sometidos por juramento a la ley médica, pero a nadie más.

Haré uso del régimen dietético para ayuda del enfermo, según mi capacidad y recto entender; del daño y la injusticia le preservaré.

No daré a nadie, aunque me lo pida, ningún fármaco letal, ni haré semejante sugerencia. Igualmente tampoco proporcionaré a mujer alguna un pesario abortivo. En pureza y santidad mantendré mi vida y mi arte.

No haré uso del bisturí ni aun con los que sufren del mal de piedra; dejaré esa práctica a los que la practican.

A cualquier casa que entrare acudiré para asistencia del enfermo, fuera de todo agravio intencionado o corrupción, en especial de tratos sexuales con las personas, ya sean hombres o mujeres, esclavos o libres.

Lo que en el tratamiento, o incluso fuera de él, viere u oyere en relación con la vida de los hombres, lo que no debe trascender jamás, lo callaré teniéndolo por secreto.

En consecuencia, séame dado, si a este juramento fuera fiel y no lo quebrantare, el gozar de mi vida y de mi arte, siempre celebrado entre todos los hombres. Mas si lo transgredo y comento perjurio, sea de esto todo lo contrario.

Trad: Dolores Lara.

Además de este juramento, Hipócrates nos ha dejado frases célebres como estas:

"Que la comida sea tu alimento y el alimento tu medicina".

"La vida es breve, el arte largo, la ocasión fugaz, vacilante la experiencia y difícil el juicio".

"La fiebre de la enfermedad la provoca el cuerpo propio, la del amor el cuerpo del otro".

"Los jóvenes de hoy no parecen tener respeto alguno por el pasado ni esperanza alguna para el porvenir".

"Ni la sociedad, ni el hombre, ni ninguna otra cosa deben sobrepasar para ser buenos los límites establecidos por la naturaleza".

"La guerra es la mejor escuela del cirujano".

"Tus fuerzas naturales, las que están dentro de ti, serán las que curarán tus enfermedades".

"Hay una circulación común, una respiración común. Todas las cosas están relacionadas".

 

El color de la historia

El color de la historia

Heródoto de Halicarnaso y Tucídides de Atenas son considerados los padres de la historia. Vivieron ambos en el siglo de Pericles (siglo V a.C.), considerado como la edad de oro griega. Este gobernante democrático llamado Pericles fomentó la cultura y llevó a Atenas a una etapa de esplendor sin igual, gracias a lo cual conocemos este siglo con su nombre. En este período histórico convivieron grandes y muy brillantes personajes para la historia de Grecia.

Quiero referirme a dos autores distintos, a dos perspectivas distintas, a los dos padres de la historia. Por una parte, Heródoto escribe unas Historias divididas en nueve libros (con los nombres de las nueve Musas: Calíope, Clío, Talía, Euterpe, Terpsícora, Melpómene, Erato, Urania y Polimnia) que han sido narrados a partir de sus experiencias por las mismas tierras que visitaba Heródoto. Su historia se entremezcla con ciertos elementos míticos, mágicos o religiosos, sin dejar claro en algunas ocasiones cuándo se trata de una leyenda ficticia o cuándo se refiere a un hecho verídico. En cualquier caso, con frecuencia nos encontramos con leyendas populares que resulta evidente que nunca fueron acontecimientos reales. Nos da una historia llena de detalles de todo tipo y nos ofrece una lectura agradable llena de curiosidades. Me resultaba difícil elegir un fragmento pero al final me he decantado por una pequeña alabanza a la democracia.

Los atenienses, pues, aumentaban su fuerza. Se demuestra que la libertad de palabra, no sólo desde un punto de vista, sino de todos, es algo valioso y bello, pues cuando los atenienses tenían tiranos no fueron superiores en la guerra ni a uno solo de sus vecinos; ahora que se vieron libres de tiranos, fueron con mucho los primeros. Ello demuestra que, cuando estaban sometidos, eran cobardes intencionadamente porque trabajaban para un señor: pero, cuando quedaron libres, cada uno se afanaba en realizar obras en beneficio propio.

Trad: Manuel Balasch, Ed. Cátedra. 78 - Libro V  Historia , Heródoto

Por otra parte tenemos a Tucídides, un hijo de la sofística ateniense. Él busca en su obra la verdad y determinar la causa profunda de los hechos, por lo que intenta ser objetivo. Su obra está está dotada de un carácter más racional que la de Heródoto. Compara hechos del pasado con el presente y hace uso frecuente del discurso, puesto en boca de personajes ilustres con ideas de cada uno de ellos, aunque se trata de discursos ficticios. Juega con el lenguaje y lo tiñe de retórica y elegancia sin llegar a ser para nada recargado. Por su lenguaje sabemos que su obra estaba destinada a un público culto. De Tucídides les dejo la siguiente frase:

Es difícil hablar con exactitud en momentos en los que difícilmente está segura incluso la apreciación de la verdad.

II-35 Historia de la guerra del Peloponeso, Tucídides, Trad: Guzmán Guerra

A través de este mi blog yo quisiera invitar a aquellos que aún no lo hayan hecho a que recorran la historia de manos de autores clásicos de este calibre. Estos dos historiadores son una buena prueba de la calidad de la literatura clásica, su lectura es amena y se disfruta al tiempo que se aprenden bastantes cosas.  Su lectura es desde luego un emocionante viaje, en el caso de Heródoto por distintos pueblos de aquella época, y en el de Tucídides por Atenas. Yo lo tengo claro: seguiré viajando con ellos.

El himno de Grecia

El himno de Grecia

Hoy he pensado que sería una buena idea dejarles un enlace para que puedan escuchar el himno de Grecia. La letra de este himno no es otra que la de El Himno a la Libertad de Dionisio Solomós, el poeta nacional griego, en concreto los primeros versos de su poema. La música corresponde a Nikolaos Mantzaros. Ambos son de la isla de Zante. En la página que les enlazo encontrarán su letra tanto en griego como en español.

Himno de Grecia

Solomós compuso con veinte años su Himno a la Libertad (en 1823), un poema nacido a raíz de la revolución de 1821, en la cual los griegos se enfrentaban contra los turcos en favor de su liberación. Sus obras fundamentales aparte de la ya citada son El Cretense, en el que un náufrago de la isla de Creta procura salvar a su amada de una fuerte tempestad, poema dotado de gran lirismo, y Los sitiados libres, haciendo referencia a los asediados de Misolonghi en el segundo asedio que sufre la ciudad. Son acontecimientos muy cercanos a Solomós que sin embargo no cuenta de manera reciente, sino que escribe sobre ellos años después, desde su memoria. Se trata de una obra inconclusa que quizá también fuera la preferida del mismo Solomós.