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Filohelenismo // Φιλελληνισμός

Término medio aristotélico

Aristóteles es el filósofo que destaca por considerar que la virtud se halla en el término medio. Si leemos su Ética a Nicómaco no quedará ninguna duda al respecto, pues en ella constantemente nos intenta demostrar su valor y para ello se acompaña de múltiples ejemplos extraídos de la vida real; sobre todo del campo de la medicina (el padre de Aristóteles era médico). Pero no debemos olvidar que ya previamente el ideal del término medio estaba presente en las ideas del pensamiento griego, y los Siete Sabios (Cleóbulos de Lindos, Solón de Atenas, Quilón de Esparta, Bías de Priene, Tales de Mileto, Pítaco de Mitilene y Periandro de Corinto) ya alabaron su importancia. Por ejemplo, corresponde a Solón de Atenas la máxima "ΜΗΔΕΝ ΑΓΑΝ" (Nada en exceso), inscrita en la entrada de la Academia de Platón.

               Platón y Aristóteles

La ética aristotélica considera que para alcanzar la felicidad hay que hallar previamente la virtud, llegar a ser virtuosos. Y Aristóteles nos habla de cuatro virtudes cardinales, de las cuales tres radican precisamente en ese ideal de moderación que predica: la prudencia, la templanza, la fortaleza y la justicia. A excepción de esta última, que no admite gradación, ya que o se es justo o no se es, pero no hay medio camino, el resto sí que, como vemos, están basadas en un punto medio entre dos extremos. Tanto el exceso como el defecto resultarán, por tanto, perjudiciales para nuestra búsqueda de la felicidad. La prudencia resulta ser la síntesis de cada una de sus virtudes ideales. Eso sí, de algo nos advierte Aristóteles: ese término medio es relativo a nosotros, pues somos nosotros quienes hemos de decidir dónde se halla nuestro término medio, no hay una fórmula fija y universal para todo ser humano. Cada uno ha de saber elegir el punto medio de sus extremos, y es aquí donde la ética resulta ser algo necesario: hay que saber elegir lo adecuado, elegir correctamente el καιρός (el momento oportuno), la ocasión perfecta. Es la fuerza de la costumbre lo que nos hace ser virtuosos, y no el hecho de haber hecho elecciones aisladas y en contadas ocasiones.

"El bien es aquello a lo que todas las cosas aspiran". Se trata de una de las frases con que se inicia la Ética a Nicómaco. Del mismo modo que cualquier trabajador en sus labores busca la realización de algo bueno, un trabajo bien hecho, el ser humano, en cuanto ser, aspirará a ser un buen individuo. Para ello se ayudará de la virtud.

Y, como posteriormente diría Sartre, "estamos condenados a ser libres". A cualquier otro animal ya le viene dado en su naturaleza un determinado código de conducta, actuarán fundamentalmente por instinto. Sin embargo, el ser humano puede responder de múltiples maneras a una misma cuestión: ha de elegir continuamente y construirse a sí mismo en cada paso.

                          Sartre

No olvidemos que para Aristóteles la ética se subordina a la política, y es fundamental para la constitución de una justa sociedad. Y es que él no nos habla de una felicidad individual, sino colectiva. Sólo podemos hallar nuestra propia felicidad si las personas de nuestro entorno más inmediato (la polis, la ciudad o comunidad en que habitamos) son, a su vez, felices. De hecho, hace igualmente hincapié en que "la amistad es una virtud o algo acompañado de virtud y, además, es lo más necesario para la vida". Todo esto gira sin duda en torno a su definición de ser humano como "animal político". Tenemos la innegable de necesidad de relacionarnos con las personas de nuestro entorno, de modo que la amistad es el punto básico para un correcto cumplimiento de la justicia y la virtud.

ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco. Alianza Editorial, Madrid, 2008

GÓMEZ, Carlos; MUGUERZA, Javier. La aventura de la moralidad (paradigmas, fronteras y problemas de la ética). Alianza Editorial, Madrid, 2007.

 

Esmeralda

Εσμεράλδα     //   Esmeralda

Ολονυχτίς τον πότισες με το κρασί του Μίδα
κι ο φάρος τον ελίκνιζε με τρεις αναλαμπές
Δίπλα ο λοστρόμος με μακριά πειρατική πλεξίδα
κι αλάργα μας το σκοτεινό λιμάνι του Gabes

Απά στο γλυκοχάραμα σε φίλησε ο πνιγμένος
κι όταν ξυπνήσεις με διπλή καμπάνα θα πνιγείς
Στο κάθε χάδι κι ένας κόμπος φεύγει ματωμένος
απ’ το σημάδι της παλιάς κινέζικης πληγής

Ο παπαγάλος σου ’στειλε στερνή φορά το γεια σου
κι απάντησε απ’ το στόκολο σπασμένα ο θερμαστής
πέτα στο κύμα τον παλιό που εσκούριασε σουγιά σου
κι άντε μονάχη στον πρωραίον ιστό να κρεμαστείς

Γράφει η προπέλα φεύγοντας ξοπίσω "σε προδίνω"
κι ο γρύλος τον ξανασφυράει στριγγά του τιμονιού
Μη φεύγεις. Πες μου, το ’πνιξες μια νύχτα στο Λονδίνο
ή στα βρωμιάρικα νερά κάποιου άλλου λιμανιού;

Ξυπνάν οι ναύτες του βυθού ρισάλτο να βαρέσουν
κι απέ να σου χτενίσουνε για πάντα τα μαλλιά.
Τρόχισε κείνα τα σπαθιά του λόγου που μ’ αρέσουν
και ξαναγύρνα με τις φώκιες πέρα στη σπηλιά

Τρεις μέρες σπάγαν τα καρφιά και τρεις που σε καρφώναν
και συ με τις παλάμες σου πεισματικά κλειστές
στερνή φορά κι ανώφελα ξορκίζεις τον τυφώνα
που μας τραβάει για τη στεριά με τους ναυαγιστές

Toda la noche le hiciste beber con el vino de Midas

y el faro le meció con tres destellos.

Al lado el contramaestre con una larga trenza de pirata

y lejos de nosotros el oscuro puerto de Gabes.

 

En el dulce amanecer te besó el ahogado,

y cuando despiertes con dos golpes de campana te ahogarás.

En cada caricia también se va un nudo ensangrentado

de la señal de la vieja herida china.

 

El papagayo te envió por última vez el saludo

y respondió quebradamente el fogonero desde el horno:

"Vuela hacia la vieja ola que tu navaja oxidó

y ve tú sola a colgarte del mástil de la proa".

 

Deja escrito la hélice del barco detrás, al marcharse, "Te estoy traicionando"

y el torno del timón resuena de modo estridente.

No te vayas, dime. ¿Lo ahogaste una noche en Londres

o en las turbias aguas de algún otro puerto?

 

De la profundidad para pegar un redoble despiertan los marineros

y vienen para peinarte por siempre los cabellos.

Afiló aquellas espadas que me gustan 

y regresó con las focas más allá, en la cueva.

 

Tres días los clavos se rompían y tres que se te clavaban,

y tú con tus palmas con obstinación cerradas.

Por última vez y en vano estás exorcizando el tifón

que nos arrastra hacia la tierra firme con los náufragos.

Versos de Nikos Kavvadías

Música de Thanos Mikroutsikos

Acabo de darme cuenta de que justamente este año es el centenario del nacimiento del poeta marinero Nikos Kavvadías (nació el 11 de enero de 1910). Sirva este post como homenaje a su memoria.

En cuanto a Mikroutsikos, decir simplemente que es un prolífico y destacado compositor griego cuya producción "Ο σταυρός του Νότου" (La cruz del Sur -1979) cosechó bastante éxito en Grecia, con letras precisamente de Kavvadías. Se hizo una reedición renovada con nueva instrumentación, nuevos intérpretes y que incluía seis nuevas canciones, en 1991, Οι γραμμές των οριζόντων (Las líneas de los horizontes).

Pero también ha compuesto música para poemas de Ritsos, Bertolt Brecht, Eurípides, Kavafis... e incluso una de sus composiciones está dedicada a Fuente Ovejuna, ¡de Lope de Vega! Una obra sin ningún desperdicio, en la que podemos escuchar con frecuencia los nombres de Castilla, Sevilla y Ciudad Real (y España, claro)... a la griega, eso sí.

El mito de Fedra en Eurípides

   EL MITO DE FEDRA EN EL  “HIPÓLITO” DE EURÍPIDES.-

                                    Por Guillermo R. Gagliardi.

Eurípides (480-406 a. C.) fue un artista culto, hijo de familia acomodaticia, solitario. Representa la gran Revolución de la Escena y la caracterizaciòn más humana de los seres en la Tragedia Griega.

Fedra

Autor de “Alcestes”, “Medea”, “Hipólito”, “Ifigenia en Aulis”, “Ifigenia en Táuride”, entre otras. Sus composiciones trágicas han sido la fuente de otras grandes Obras Literarias de la Humanidad: Racine, Séneca, Goethe.

La Tragedia, de “tragos”: macho cabrío (cantos báquicos, ditirambos cantados con disfraces, alternativamente). Cultivó los temas sublimes de la Libertad y la Fatalidad, la ineluctable Fatalidad.

En 428 a. C. es representada la tragedia “Hipólito Coronado”. Antes de esta fecha, el autor había escrito y estrenado otra composición, el “Hippólytos Kalyptómenos”, “Hip. cubierto”, no conservada (ca. 434, según A. Lesky, “Hist. liter. Griega”, 1968, Madrid). En ésta, la protagonista es muy sensual, como la senequista. Y testimonian de su contenido, la “Heroida” IV de Ovidio y la nombrada de Séneca. El segundo “Hipólito” se lo denomina “Estefanóforo” (triunfo).

Fedra e Hipólito

Fedra e Hipólito

El primero fue rechazado por la crudeza inusual en la presentación del Amor. De acuerdo con Lesky, “la crudeza con que presentaba en el escenario cosas que eran totalmente nuevas, asustó e indignó considerablemente a los atenienses” (ob. cit., p. 399). La obra que se conserva fue estrenada exitosamente. Leámosla y señalemos los principales momentos en su composición:

(I). Monólogo épico, lírico-reflexivo de Venus.

Esta Diosa, no amada por Hipólito (hijo de Teseo, Rey de Atenas), anoticia al lector del destierro por un año de Teseo, del casto amor por Artemisa, la Diana cazadora romana.  La acción, en Trecene.

Cuenta Venus (Afrodita) su venganza, inspirando a Fedra un violento y desdichado amor por su hijastro (la  madre de éste había sido Antíope, reina de las Amazonas, también conocida como Hipólita o Menálipa). Adelanta lo que ha de suceder: el padre matará a su hijo, por juramento de Poseidón-Neptuno, Fedra se suicidará. Es la venganza de Venus que anuncia  el conflicto de “Las Bacantes”, el castigo de Dionisos a los que desprecian su culto (Baco).

Interrumpe sus reflexiones, viene Hipólito, Conclusión  funesta: éste, dice  la Diosa,

    “no sabe que ya se abrieron para él las puertas de la muerte, y que éste será el último día que ha de ver”.

(II) El verdadero primer  paso en la Acción dramática. Alabanza de Artemisa por Hipólito y por el séquito, el “Párodos”, del Coro:

    “Salve, oh bellísima, bellísima Diana!, virgen que moras en el Olimpo: para ti traigo esta corona tejida de flores no libadas, que la adornan, y cogidas por mí en donde el pastor no se atreve a llevar sus rebaños ni ha entrado jamás el hierro: sólo la primavera visita este prado y las abejas  no lo tocan, y el pudor lo nutre con húmedo rocío.

    El que nada adquirió con el estudio y en todo es igualmente casto por naturaleza, puede cortar sus flores, no los malvados”.

      (Traducción de F. Baráibar  y Zumárraga, en “Teatro Griego”, Madrid, 1970, p. 785-1273).

Artemisa  bendecía a hombres y mujeres con su descendencia, “señora de los bosques y montes, claros y solitarios, y de las rumorosas corrientes”, era la divinidad de la naturaleza y en general de la fertilidad (Frazer, “La rama dorada. Magia y religión”, 1980, 7ª reimpr., México, p. 25 y 170-178).

Artemisa

Artemisa

(III) Diálogo de Hipólito y un Servidor.

Caracterización de Hipólito como puro y casto, pero arrogante, desecha el poder sagrado del Amor, con lo cual el autor cuestiona una acendrada creencia griega:  el poder de Eros. Educado por el Centauro Quirón, Hipólito cazaba solo, bajo la protección de su Diosa, en los bosques sagrados.

(IV) El Coro, caracteriza el drama Interior de nuestra anti-heroína, Fedra, hija de Minos y Pasifae:

      “triste nube se mece en torno de sus cejas”.

El lenguaje Coral es ampuloso, como el  de Esquilo, y el de los demás Personajes siempre será cotidiano y sencillo.

(V). Es el segundo paso de la Acción Trágica.

La Nodriza trae a Fedra, doliente, en su lecho y en  un Monólogo de neta reflexión, pinta la angustia de su amor, mostrando las dotes retóricas del autor, “la nueva aptitud en la aguda argumentación lógica” (según señala W. Jaeger, en su “Paideia”, 1980, 5ª reimpr.):

    “pronto varías de parecer, y nada te divierte; no te agrada lo que posees, y anhelas lo que no tienes”.

    “Llena de tormentos está la vida humana, y no hay descanso en nuestras penalidades”.

    “Perdidamente nos enamoramos de esta luz, que brilla alguna vez en la tierra, sin saber lo que pasa en la otra vida, ni conocer nada de lo que sucede debajo de nosotros”.

Es la Incertidumbre de la existencia, vida y muerte. Son las “situaciones límites”, el terror ante la Nada, ya expresados en el Siglo de Pericles por Eurípides, y que en nuestra era han expuesto Karl Jaspers y Martín Heidegger, entre otros.

“Ley de los mortales es luchar con los dolores”. Estas circunstancias humanas de muerte y dolor aparecen llameantes en las incomparables meditaciones de la Nodriza. Con anterioridad, el Coro reflexionó sobre la condición femenina: frivolidad del sexo más melancolía, “innata demencia”...

Fedra revela su estado psíquico a través de un estilo interjectivo, emocionado. Profiere palabras insensatas, delira. Ante esto, la Nodriza, sabia y buena con ella, muestra sentimientos de piedad, de compadecimiento. En Fedra observamos

    l.- locura: su estado emocional y enajenamiento mental es paralelo con el         estilo literario de expresión.

    2.- Cordura: conscientemente, reflexiona:

    “¡Infeliz de mí! ¿Qué he hecho?..He perdido la razón?”

    “...Me avergüenzo de lo que he dicho hace poco”.

    “Porque he recobrado el seso, y el dolor me atormenta, y si la locura es un mal, más vale morir sin sentirla”.

Es típico del arte euripídeo el presentar las escenas en diferentes grados de intensidad dramática: a la meditación serena contrapone la expresión pasional.

“Euripídes es el primer psicólogo...Es el creador de la patología del alma...Por primera vez, con despreocupado naturalismo, se introduce en la escena la Locura con todos sus síntomas”, “nadie ha penetrado con mayor profundidad que este Poeta de la Crítica Racional en lo Irracional del alma humana” (en su “Paideia”, p. 320, 322). El Coro: “¡Qué enferma está, y cuán flaca!”. La Nodriza amplía los síntomas de la perturbación:

      “Pero ella lo calla todo”.

      “Se abstiene del alimento por dejar la vida”,

      “oculta y niega su dolencia”.

En el diálogo se alude a Hipólito. Fedra no desea que le hablen de él. Dice que su corazón no está  puro y es preciso purificarlo. Esta búsqueda del Amor Puro (“A males que me avergüenzan, busco salida honesta”). “religioso”, coincidentemente, será el elemento primordial que encontrará en el siglo XVII. El  Jansenista  Racine (1639-1699) en el teatro griego: la dialéctica atormentadora entre el Cuerpo y el Espíritu. Y es también a lo que se ha referido Kar Vossler cuando señaló la Doble Perspectiva luminosa de la protagonista: lo Demoníaco (Instinto) y lo Celestial (Pasión Interiorizada) (aut. cit., “Racine”, Austral).

    3.- Diálogo entre la Nodriza y su Ama: de frases breves, oraciones exclamativas e interrogativas, interjecciones abundantes. Escena decisiva dramáticamente. La Nodriza busca el origen del mal de Fedra, quien confiesa su amor por Hipólito:

      N.: “¿Amas, ¡oh hija!, a alguno?”

    F.:   “Cualquiera que sea, el hijo de la amazona...”.

(VI). Tercer momento de la acción dramática. Reconozco  estas partes estructurales:

  1. monólogo reflexivo-lírico de Fedra. A la escena de pasión sigue la reflexión serena. Es la sofística interior de la pasión opuesta  a la conciencia moral, según observó F. Nietzsche (“Obras Completas”, trad. Ovejero y Maurí y Vicen, 1967, 6ª ed., tomo V, p. 198-233 y 342-375: “La filosofía en la época trágica de los griegos” y “Hisoria de la liter. Griega”).

 

    a-1. el hombre persigue el placer, es perezoso para el bien o el juicio recto.

    a-2. el poder de la lengua: bueno o malo. Polémica con Sócrates: virtud por la Sabiduría. Vitupera el adulterio. Se perfila el conflicto amor / virtud en su alma.  Parece expresar las razones del corazón, pascalianas.

    Lengua de la Pasión. Afán explicativo de la figura mítica, aburguesamiento del personaje en temas y lenguaje, menos elevado y más cotidiano.

    Expresa la heroína  su Virtud, no quiere deshonrar a su marido e hijos. Y asimismo trasunta  el “pathos” del más ardiente apasionamiento junto con consideraciones racionalistas. Modelo inigualable para Racine.

  1. Reflexiones de la Nodriza.  Alaba el Amor  con verbosidad inescrupulosa. Alude a los filtros amorosos, justifica el adulterio, como Helena en las “Troyanas”. Muestra virtudes abogadiles, de acuerdo con la orientación Sofística de la Filosofía de la época.

 

El autor nos presenta con brillo más que individualidades en sentido moderno, “formas de reacción” de la Humanidad ante el amor: la Locura y la Virtud en la protagonista, la comprensión en su nodriza, personaje argumentador, retórico, finamente retratado, la castidad en el hijo, la ira en el padre.

(VII). La Nodriza habla con Hipólito. Fedra y el Coro oyen el rumor de los gritos de aquél: factor excitante. Hipólito monologa, discurso misógino: la mujer es un “azote”, una “peste destructora”. Abundan en Eurípides más las preguntas que las respuestas seguras.

La N.: “¡Oh hijo!, no quebrantes tus juramentos.”

H.: “La lengua juró; el alma no ha jurado”.

Este célebre verso será citado por Platón (428-347 a. C.) en dos de sus Diálogos Filosóficos, en “El Banquete o del amor” y en “Teeteto o de la Ciencia” (ver W. Kaufmann: “Platón el rival como crítico”, en su “Tragedia y Filosofía”, Barcelona, 1968). En el primer Diálogo, 199 b, Sócrates replica a Erixímaco en relación con un prometido encomio sobre el amor. Agatón pronuncia un discurso bello y variado, pero el maestro le declara ser incapaz de hacerlo, recordando el verso 612 del “Hipólito”: “Pues bien: yo no conocía ese tipo de alabanza, y por no conocerlo os prometí hacer yo también en mi turno un encomio. Fue sin duda,  ‘la lengua la que prometió, no la mente’. Adiós, pues, el encomio” (trad. Luis Gil, en “Obras Completas” de Platón, Aguilar, 1979, 2ª ed., , 4ª reimpr., p. 581).

En el “Teeteto”, 154, Sócrates dialoga con Teeteto sobre la afirmación de  que “nada puede ser mayor ni menor, ya en volumen, ya en número si permanece igual a sí mismo”. “Con tu respuesta afirmativa –expresa Sócrates- realzas debidamente las palabras de Eurípides: nuestra lengua podrá ser irrefutable, pero no así nuestro pensamiento” (trad. José A. Migues, ed. Cit., p. 900), Por su parte en la “República” (Libro VIII, 568), acusa Platón a Eurípides de defensor de la Tiranía: “Tanto Eurípides como los demás poetas  encomian a la tiranía y la hacen semejante a los dioses” (ed. cit., p. 811).

Señala Kaufmann que el trágico griego está  a medio camino entre Esquilo y Platón. Con sus diálogos teatrales inicia ya el género cultivado por el autor de “Las Leyes”. Amante de la Poesía, concibió imágenes y metáforas famosas, eternas. Para él era censurable la poesía que incitaba a la risa excesiva como la que representa lo deshonesto y vil.. Advirtió la función corruptora de ciertas tragedias, cuyos actores desempeñaban papeles vergonzosos.

Los biógrafos del autor de “Alcestes” aseveran que el mismo no fue afortunado en su matrimonio, y a ello atribuyen la “línea dura” con que retrata a las mujeres.

(VIII). La intensidad aumenta, es el nudo de la tensión dramática. Fedra, muy inquieta interiormente, se pregunta cómo evitará  “esas calamidades”:

      “¡Soy la más infeliz de las mujeres!”.

      “Sólo anhelo morir; el cómo yo lo pensaré”.

Tan apasionada, es conciente de su pecado, y el monólogo es ofrecido como un formidable escenario de fuerzas antagónicas. Se asemeja al sentimiento ético-trágico de su símil raciniano. Por otra parte, la Nodriza, ha estado primero consternada por arrancarle el secreto y luego se ofrece a colaborar como “tercera”.

(IX). Suicidio de Fedra.

No ocurre en la escena, sino que el Coro lo refiere, y una esclava, se ahorca, suspendida del techo de su habitación, habiéndose debatido conflictivamente entre el amor y la virtud. En la obra homónima (1918)  de Unamuno, Pedro, su esposo, al morir ella, exclama que ha sido una santa, una mártir (acto III, escena XIV).

En Racine se acentúa, ante su desesperación, la nobleza de Fedra (acto V, escena 7): “Hay que devolver la inocencia a vuestro hijo, él no era culpable”.

Se ve en Eurípides, en este momento de su obra, y con intensidad, el poder del alma humana para realizar actos demoníacos.

(X). Llega Teseo. Eurípides había escrito un perdido drama, “Teseo”, al que alude Aristófanes en “Las ranas”.

Teseo

Teseo

Cunde su ira y su desdicha. Ante él, un espectáculo horrible: el cadáver de su esposa. En sus manos, unas tablillas, es el despecho de una mujer rechazada por un hombre orgulloso. El Coro, da relieve al poder del Destino, de lo Fatal en la vida humana. “Inevitable es el Destino”: esencia de lo Trágico. Fedra se vengó de Hipólito atribuyéndole pasión por ella.

Y ahora, la promesa de Neptuno: Teseo, le pide, con cólera, la muerte de su hijo.

(XI). Aparece Hipólito.

Reflexión de Teseo, siempre en Eurípides, sorprende el afán  de dudar, explicar y moralizar:

    “Hombres que tanto y tan vanamente estudiáis: ¿a qué aprendéis innumerables artes, y sobre todo investigáis y pensáis, y lo único que no sabéis ni podéis enseñar es la de hacer bueno al que no lo es?”.

Ira y zozobra en el alma del padre, lenguaje enfático. Impreca al hijo, lo llama “el más malvado de los hombres”. Éste se jacta nuevamente de su castidad. Pero es desterrado, apenado por una acusación injusta.

El Coro oficia de factor retardante de la acción, generalmente reflexiona, ahonda en pensamientos sobre las pasiones representadas en la escena:

    “Todo cambia en este mundo, e inconstante es la vida humana, y sujeta a muchos errores”.

El Coro llora desconsoladamente la idea del hijo casto y orgulloso.

    EL MITO DE FEDRA EN EURÍPIDES (II).-

                              Por Guillermo R. Gagliardi.

(XII). El mensajero llega a la ciudad, anuncia lo sucedido al hijo, en el Golfo Sarónico.

Es un magnífico monólogo épico, donde comunica al padre la partida del hijo, la aparición  monstruosa de un toro, que espanta a los caballos, siendo Hipólito embestido contra las rocas. Los críticos han señalado  el valor plástico de este relato (ver  relaciones con Racine y Séneca, relato de Terámenes). Parlamento extenso, pronunciado por el mensajero, que es una especie de prudente y sabio consejero.

(XIII). Aparición de Diana ante Teseo.

La Diosa le revela la verdad: la castidad del hijo, la falsedad de la madrastra, la imprudencia de la Nodriza (quien primeramente apareció  tan meditativa y comprensiva) y el juramento y nobleza de Hipólito. .

(XIV). Viene Hipólito, moribundo.

Diálogo de éste con la Diosa protectora. Venus fue la causa de la Tragedia:

      “Enojada porque no la adorabas, se vengó de tu castidad”

      “La grandeza de tu alma ha sido causa de tu ruina”.

Continúa un dialogo del padre con su hijo. Teseo se muestra arrepentido. Artemisa le concede a su cultor, ser venerado por las doncellas, honrado por himnos y ofrendas eternamente. La Diosa ha oficiado de “Deus ex Machina”, desenreda la trama y establece el orden fnal.

G. Murray estima que este “Prólogo” por Venus y “Epílogo”, por Diana, pronunciados por personajes divinos, implican un retorno deliberado al origen ritual del Drama (Ver su “Excursus on the Ritual Forms Preserved in Greek Tragedy”). Significa la aparición del “daimón” al principio y al final, en reaparición cíclica de la muerte y la resurrección, núcleo místico de la tragedia

María R. Lida de Malkiel habló de la tendencia euripídea por un drama de estructura arcaica y fija, con “descarnado intelectualismo”, lo que parece un relato de un cuento remoto (en su “Introd. al  teatro  de Sófocles”).

Hemos observado que a nuestro trágico le interesan más los personajes que los coros. Aquéllos recitan verdaderos “solos” de pasión o de melancolía. Mientras a Séneca, le cautiva, y nos cautiva, el efectivismo escénico y estilístico (estilo conmovedor y excitante). Sófocles marca sus preferencias por el argumento y su construcción en el drama. A Racine, por su parte, le interesará caracterizar a su anti-heroína con rigor y economía de recursos teatrales. Unamuno (1864-1936), asimismo, continúa al francés, en la pintura patética de un drama íntimo y desecha el tradicional  elemento coral..

Arte Realista. Tragedia dominada por la Perspectiva Humana, enmarcada por el singular papel de las dos Diosas.

Aristóteles  llamó a nuestro dramaturgo, el más trágico de los Poetas. En su origen, mitológico, la Tragedia era sólo Coro, pero Eurípides, anuncia Nietzsche, perdió la “inteligencia del mito” y “el genio de la música”, base originaria del drama griego.. Toma el Mito y lo transforma en una lucha entre las Convenciones sociales (Fedra es casada y su amado es el hijo de su arrojado esposo) y el Poder Irracional del Amor. Por ello hablamos del Realismo del Mito y en el arte euripídeo basándonos en Nietzsche.

Para el filósofo y filólogo alemán nuestro trágico sacó  al hombre de la vida cotidiana para traerlo a la escena, seculariza el drama helénico. Sus personajes  salieron de las filas de los espectadores.  “El espejo, que no reflejaba nunca más que rasgos nobles y fieros, acusó desde entonces esa ‘exactitud servil’, que reproduce minuciosamente las deformidades de la naturaleza” (“El origen de la tragedia” y “Cultura de los griegos”, restallante prosa y pensamiento del germano, en tomo V, ed. cit.).

El “Hipólito” es concebido por su creador en la época de la Ilustración Griega, donde se critican las tradiciones, los mitos y las instituciones (el “mitos” se opone raigalmente al “logos”). Así Critias sostenía que los dioses eran otra cosa que el producto de hábiles mixtificaciones humanas.

Razona el filósofo Nicola Abbagnano: “Para evitar que los hombres cometan a escondidas actos considerados como malos o perniciosos, es necesario persuadirlos de la existencia de divinidades a las que no se puede ocultar ninguna culpa y pueden castigar en mil modos imprevisibles a los transgresores” (en su “Historia de la Pedagogía”).

En la Tragedia se unía Lo Religioso (Culto a Dionisos-Baco, los ditirambos) y Lo Humano (el hado, la muerte, Moira, Ananké). M. C. Griffero: “Origen histórico-religioso de la tragedia griega” (Bs. As., 1981.

Deducimos que nuestro autor es un Poeta original, como todo auténtico Creador, reconoce  la fuerza Divina, pero prefiere la Voluntad y el Raciocinio (de allí la simpatía de Racine). También es maestro en la pintura de los matices emocionales y de la ternura. Su cosmovisión es relativista, inspirado en los sofistas Protágoras, Pródico, Gorgias, Hipias, quienes eran profesores viajeros, expertos en el arte de triunfar en la vida pública, por la retórica y la persuasión..

Y su obra dramática revela una  “inquietud espiritual”, que es, también, el rasgo distintivo de su personalidad de intelectual, poseedor de una de las primeras y más importantes bibliotecas griegas en su época.  
 
Su obra significa el paso de las expresiones esquilianas,  el más grande poeta religioso griego, y los Himnos sofocleos, a la concepción según la cual todos los poderes del Universo son malos e irresponsables, y no hay nada en que el hombre pueda confiar, ni en la Tierra, ni en el Cielo.

M. R. Lida ha comparado la esencialidad y luminosidad del autor de “Antígona”, poeta de la Realidad Humana Universal, con el genio crítico y sentimental, es decir, básicamente contemporáneo, de Eurípides. También a ello se refiere W. Kaufmann cuando señala el influjo del “Hipólito” en “Las Traquinias” de Sófocles: los motivos de la infidelidad conyugal, Deyanira perdona a Hércules y su  amante...

Esta base filosófica, concuerda con una Política. El siglo V es el de la expansión colonizadora, el tráfico comercial intensificado, el de los problemas prácticos, las guerras Persas que obligan a participar  a clases más vastas en las Asambleas, evidenciándose el poder de la Dialéctica y la Retórica.

Ello es consecuente con la no existencia de un criterio absoluto de Verdad; cunde el Relativismo y el escepticismo (nada existe, si algo existiese, sería incognoscible e incomunicable).

Éste es el fundamento en que germina el arte de Eurípides, “supremamente audaz y humano” (W. Muschg: “Historia trágica de la Literatura”).

Entre Eurípides y Racine hay 2.000 años vacíos, ha escrito el ensayista Ezequiel Martínez Estrada... “De todos los poetas clásicos es el que merece la admiración sin ninguna reserva”. “Por primera vez en E. aparece como un deber elemental del arte la voluntad de traducir en sus obras la realidad tal como se da en la experiencia” (W. Jaeger).

Su estilo “naturalista” posee una base ética: la Democracia. No una ética nobiliaria,, de la aristocracia del nacimiento (los Héroes o progenitores de la Raza). La Democracia ateniense implica un estado y una moral plutocrática: las rentas, el imperialismo. A excepción de E. y algunos sofistas, es opinión de Arnold Hauser, los artistas estaban a favor de los nobles y los reaccionarios (“Historia social de la literatura y el arte”, t. 1).

El idealismo estético de la Cultura Nobiliaria elegía temas míticos de Dioses y Héroes en estilo grandilocuente y normativo, creyendo en una Humanidad superior, en un mundo Aristocrático. Ante esta concepción de vida y del arte, E. prefiere presentar una Fedra que desea ocultar ante todo su deseo culpable en los abismos de su alma, es un naturalismo psicológico.

Aunque la forma exterior de la Tragedia era Democrática, representación pública, el contenido había sido Aristocrático (leyendas, sentimiento heroico trágico de la vida que se derrumba,).

Este “hijo de verdulera”, este “colector de novedades y necedades”, este “fabricante de mendigos”, este “remendón de andrajos”, como lo apodaba la incomprensión y la mediocridad de sus contemporáneos, y hasta el mismo Aristófanes, por el despliegue excepcional de la totalidad de la Existencia Humana con una fuerza vital, física y creadora en sus dramas, se interesa  por el estudio concreto de los caracteres psicológicos, huye de lo tipificador hacia lo Individual, lo conversacional, lo cotidiano.

Con juicios de la Sociología literaria, los ideales Caballerescos y Agonales de la Nobleza se transformaron en Virtudes Burguesas: el juicio sano, la elocuencia pública, la necesidad de enseñar la virtud y de adquirir ciencia. Nace la auto-observación, el reconocimiento del carácter condicionado de las normas éticas y la relatividad de lo Justo y lo Injusto, lo Bueno y lo Malo...

El poeta Giorgos Seferis (1900-1971), Premio Nobel 1963, evoca a “Eurípides, ateniense”, en su “Imerologuio katastrómatos. Diario de a bordo HI” (1955): “Vio las venas de los hombres / como una red donde los dioses nos prendían como fieras; / procuró romperla. / Era áspero, tenía pocos amigos; / vino el tiempo, y los perros lo despedazaron” (trad. Horacio Castillo). Ve al autor del “Hipólito”, descarnadamente, como un Prometeo, liberador de los hombres des-uncidos de los dioses. Seferis había traducido el “Prometeo” de Gide. Un artista “áspero”, beethoveniano en su lucha incansable y solitaria. En pocos versos profundos, atisbó la esencia de la obra euripídea. Su búsqueda de la Libertad del Hombre...

En “Medea”, E. trata a la Pasión como una fuerza destructora. En diálogo con el Pedagogo reflexiona la maléfica protagonista: “Ya conozco en toda su extensión la horrible maldad que voy a cometer, pero la ira es mi más poderosa consejera, causa entre los hombres de las mayores desventuras” (versos 1077 y ss., ed. y trad. cit.). Configura el “tymos”, la pasión, motivo de los peores crímenes del ser humano, piensa el dramaturgo griego.

Con lo cual postula la causa irracional de tales impulsos. Se es Hombre, enseñaba Sócrates, en la medida en que progresamos en el conocimiento de nosotros mismos, evitando que nuestro accionar moral sea dirigido por las pasiones, la ira, el placer o el temor.

En el “Protágoras” de Platón,, p. ej.: “en el alma de un hombre, no es la ciencia la que domina y reina, sino algo distinto, ya sea la impulsividad, ora el placer, ora el dolor, o tal vez el amor, a menudo el temor...” (trad. R. Mondolfo). Quien se entrega al mal, como Medea, a la pasión amorosa, como Fedra, no es sabio ni inteligente, se deshumaniza.

“El hombre malo hace el mal involuntariamente” piensa Platón en “Hipias menor”...Lo que vale es el juicio claro, la lógica del pensamiento, la coherencia del espíritu, la Libertad como magisterio interior.

En E. hay una supremacía de lo Irracional. Valor de la Razón en Sócrates, su antítesis en este tema. Conjetura Kaufmann en su “Tragedia y filosofía” y Lesky en su “Historia...” una influencia de las ideas del dramaturgo en las del coetáneo Sócrates (470-399 a. C.), pero en sentido opuesto, según mencionamos. Es “improbable” pero su influencia sobre Platón es “indiscutible”...

En palabras de Fedra, E. replica a Sócrates, afirmando ésta que las malas acciones no son siempre inconscientes, el mal es provocado por propia voluntad: “me parece que no todos los hombres cometen las faltas más graves por sus escasas luces, porque en muchos se observa su juicio recto; preciso es, por tanto, confesar que, aun conociendo lo bueno, no lo seguimos”.

Según Platón, su maestro opinaba, contrariamente a Eurípides, que las acciones malas no son cometidas por propio deseo: “¿Qué otra cosa decía yo: sino que ninguno  va voluntariamente al encuentro de los males, ni de lo que considera como mal?” (“Mondolfo, “El pensamiento antiguo”, ed. 1974, t. 1).

Fedra calumnia a Hipólito conscientemente. La oposición filosófica a esta acción la encontramos en Aristóteles, en su “Etica Nicomaquea”: “ningún hombre de juicio obra contrariamente a lo mejor, sino que lo hace por ignorancia”, la ciencia y la virtud se identifican. Fedra es, aplicándole los conceptos socráticos, un ser intemperante y esclavo, injusto e infeliz (reflexiones en Jenofonte, “Memorabilia”, ver Mondolfo).

Los angustiantes motivos del “Hipólito” son la pasión amorosa y el honor. Fedra se mata, dolorosamente consciente de su culpabilidad. La culpa, la fatalidad y la honra. Es el honor en el sentido trágico griego. Una variante de este motivo señalaremos en Lope de Vega.

Eurípides gustaba de variar estos motivos míticos, tomando algunos semejantes en otras tragedias, como el de Belerofonte o el de Peleo, p. ej.

En 1951 los escritores María Luz Regás y “Juan Albornoz” (Dr. Juan Reforzo Membrives) compusieron una Fedra desde el tema euripídeo con derivaciones melodramáticas, “El mal amor”. Es una “variatio” del contexto mítico tradicional, una recreación individual, con variaciones témporo-espaciales (V. R. H. Castagnino: “Semiótica e ideología en el teatro hispanoamericano contemporáneo”, 1974, p. 152, 165).

La tragedia analizada representa el Modo Anti-Heroico de ver el Mundo, lo inestable del  Destino del Hombre, los “bruscos cambios de la fortuna terrenal”.

Concluimos que Eurípides  constituye el Primer Poeta Moderno, por su éxito en el arte y su vida genialmente extrañada en el mundo. “Heraldo de una nueva época” lo llamó Arnold Toynbee.

Un creador no- oficialista, un insatisfecho en contra de las creencias recibidas, un racionalista.

Un subjetivista anti-aristocrático, . Es Teólogo, anti-teológico, y es Moralista, es Poeta. Su Fedra es mujer de nuestros días...

Bibliografía complementaria:

  • Crouzet, M., dir.: “Historia general de las Civilizaciones”, t. I: “La civilización de la Grecia Clásica. El clasicismo espiritual y estético” por André Aymard, Barcelona, 1977, 5ª ed. española, espec. p. 422-444.
  • Díez del Corral, Luis: “La función del mito clásico en la literatura contemporánea” (Madrid, 1974, 2ª ed.).
  • Garrido, Margarita: “Notas para una lectura de ‘Hipólito’ de E.” (Rev. de lengua y literatura, nº 15-16, 1994, Univ. Nac. Comahue, p. 73-82).
  • Granero, I.: “E., el hombre que no pudo creer” (en Rev. de Estudios Clásicos, t. VI, Univ. Cuyo, Mendoza, 1955).
  • Henríquez Ureña, Pedro: “Introducción al teatro de E.” (Losada, 1939).
  • Kitto, H. D. F.: “Los griegos” (especialmente cap. VIIk, X y XI).
  • Lasso de la Vega, José S.: “Hipólito y Fedra en E.” (en su “De Sófocles a      Brecht”, Barcelona, 1971, p. 85-136).
  • Murray, Gilbert: “E. y su época” (Breviarios).
  • Vaccaro, Alberto J.: “Introducción al Teatro Clásico” (Columba, 1971).

 

La bicicleta, de Kostas Makedonas

Το ποδήλατο // La bicicleta  *  Κώστας Μακεδόνας // Kostas Makedonas

Παίρνω ένα ποδήλατο και φεύγω για τ’ αδύνατο,
κρατάω στο χέρι το κλειδί,
πιάνω το τιμόνι, ο σφυγμός μου δυναμώνει
το έργο κάπου το ’χω ξαναδεί.

Ήμουν μικρό παιδάκι με καθαρή καρδιά,
είχα τ’ονειρό μου, το ποδήλατό μου,
κι όλα έμοιαζαν σωστά,
έγινα δεκάξι, κι όλα ήταν εντάξει
είχα μια ζωή μπροστά.

Το ποδήλατό μου ήταν πάντοτε δικό μου,
και με πήγαινε πολύ μακρυά
μέσα στη Σαχάρα, σαν την πιο βαθιά λαχτάρα,
μ’ οδηγούσε πέρα απ’ τη χαρά

Και τώρα στον αγώνα, ξανά απ’ την αρχή,
Φόρτσα στο πεντάλι, να ’ρθουνε κι οι άλλοι,
πάμε για ορθοπεταλιές
τα ποδήλατά μας, όπως τα όνειρά μας
ξέρουν από ανηφοριές.

Tomo una bicicleta y me marcho hacia lo imposible,

sostengo en la mano la llave,

agarro el manillar y mi pulso va creciendo,

ya he visto esta obra en alguna parte.

 

Era un pequeño muchachejo de corazón limpio,

tenía mi sueño, tenía mi bicicleta,

y todo parecía estar en orden.

También cuando tenía dieciséis todo estaba bien,

tenía una vida por delante.

 

Mi bicicleta fue siempre mía

y me llevaba muy lejos

en medio del Sáhara, como el más profundo anhelo

me conducía más allá de la alegría.

 

Y ahora en la carrera, de nuevo desde el comienzo

fuerza en el pedal, ojalá vengan también los demás,

vayamos pedaleando por encima del sillín

nuestras bicicletas, así como nuestros sueños

ellas conocen nuestras cuestas arriba.

 

Kostas Makedonas es un cantante de Tesalónica que comenzó su andadura en el mundo musical en 1989, hace ya poco más de veinte años, es una figura bastante destacada del panorama griego. Aproximadamente una decena de discos conforman hoy su producción discográfica, y también ha colaborado con otros artistas en múltiples ocasiones, con artistas de la talla de Yorgos Dalaras, Álkistis Protopsalti, Yannis Markópoulos, Haris Alexiou, Manolis Mitsiás, Glikería, Marinela, Thanos Mikroutsikos, Aris Davarakis.... entre otros.

La canción del vídeo es de 1996 y quizá sea una de las que mejor representa a este artista. Al traducirla he descubierto que hay una palabra en griego para definir las pedaladas que se dan de pie en la bicicleta, cuando nos levantamos y nos separamos del sillín... eso que no sé cómo llamarlo en español (si es que existe una denominación propia para ello), los griegos lo llaman ορθοπεταλιά [orzopetaliá]. Yo, que adoro la bicicleta como un cómodo medio de transporte urbano, no puedo evitar sentirme muy identificada con esta canción. No es que la canción hable de ello específicamente, pero sí que da una relevancia a la bici a la que normalmente ya no estamos acostumbrados.

Καλή χρονιά!!!   ¡Feliz año nuevo 2010!

La mayéutica

(El arte de hacer parir a los hombres)

Gracias, de Nikos Portokáloglou

Ευχαριστώ    Gracias   //    Νίκος Πορτοκάλογλου     Nikos Portokáloglou

Μέρες σκοτεινές, φως μου δε με ξέχασες,
μέρες αδειανές, δίπλα μου τις έχασες,
νύχτες λαμπερές, νύχτες που με μέθυσες
νύχτες σαν γιορτές, το αίνιγμά μου έλυσες.

Θέλω μόνο να σου πω, να σου πω ευχαριστώ
θέλω μόνο να σου πω, να σου πω ευχαριστώ
ευχαριστώ, ευχαριστώ που ήσουν πάντοτε εδώ.

Νύχτες παγερές, τη φωτιά σου έδωσες
νύχτες τρομερές, από εμένα μ’ έσωσες
μέρες λαμπερές δίπλα μου περπάτησες
μέρες σαν γιορτές απλόχερα μου χάρισες.

Oscuros días, mi luz, de mí no te olvidaste,

vacíos días, a mi lado los perdiste,

brillantes noches, noches en que me emborrachaste,

noches como fiestas, mi enigma resolviste.

 

Quiero sólo decirte, decirte gracias.

Quiero sólo decirte, decirte gracias.

Gracias, gracias, que siempre estuviste aquí.

 

Heladas noches, me diste tu fuego,

terribles noches, por mí me mantuviste

brillantes días, junto a mí caminaste

días como fiestas generosamente me regalaste.

El texto griego que aparece cerca del final del vídeo nos dice lo siguiente:

" Deseo que tengas a tu lado lo que amas... ¡y que ames aquello que tengas! Nunca lo consideres como algo evidente... ¡demuéstralo cada día que pasa!"

He elegido esta canción de Nikos Portokáloglou porque me gusta mucho lo que representa, y porque su melodía sencillamente me cautiva... quizás se trate de una de sus canciones más conmovedoras.

Nikos Portokáloglou es un cantante natural de Volos (donde, por cierto, ya que me he enterado accidentalmente lo comento, se celebrarán los Juegos Mediterráneos en 2013), un músico autodidacta que además toca la guitarra y compone. Es ya todo un veterano del panorama musical griego, pues comenzó su andadura a finales de los años 70 en un grupo que se llamaba "Fatmé", pero que se disolvió en 1989, momento en que Nikos continúa su andadura musical, ya en solitario. Era su grupo un conjunto de rock, y la influencia de sus sonidos eléctricos se dejarán notar también en su nueva trayectoria, ahora combinados con sonidos orientales. Grandes músicos de la talla de Hatzidakis, Theodorakis o Savvópoulos han llegado a solicitar su colaboración para interpretaciones en directo, o en la radio, o incluso en programaciones televisivas. Y también ha llegado a colaborar en discos con algunos artistas como Haris Alexiou, Dimitris Mitrópanos y Eleni Tsaligopoúlou. Sin duda se constituye como uno de los artistas más maduros del panorama musical griego, alguien que merece mucho la pena tener en cuenta.

 

En recuerdo de Aléxandros

Ha transcurrido ya un año desde que el joven Aléxandros Grigorópoulos fuera asesinado a manos de la policía griega (6-12-2008), y de que una serie de altercados violentos alteraran la ciudad de Atenas (¿y otras zonas de Grecia? No recuerdo, la verdad, no presto mucha atención a los medios, pero creo recordar que también). Leo ahora que vuelven a reproducirse revueltas violentas en distintos puntos de Atenas. No sé por qué me sigo sorprendiendo de estas cosas, será que no concibo un mundo violento (así que estoy apañada, estando el mundo como está). Desde aquí, mis deseos de paz y calma para el pueblo griego, y una voz de recuerdo en honor de una víctima de la violencia que hoy debería estar disfrutando de su juventud.

Paz

Biografía de Sócrates