Nostalgia de Grecia

Ha sido simplemente una semana. He estado fuera de España una semana. Pero he añorado Grecia, he recordado mis días en Tesalónica, miraba a través de la ventana y veía una conversación imaginaria entre griegos. Por cada palabra emitida en inglés o francés he deseado emitir siete más en griego, sin poder hacerlo... He añorado la comunicación en la lengua griega, con la que tan a gusto me sentí en el verano de 2006. Algo faltaba en mi viaje... sí, el calor del pueblo griego.
Nada más llegar a Amsterdam me encontré en una ciudad sumida en el más absoluto caos porque celebraban el día Nacional de la Reina (30 de abril), día en que los visitantes éramos olvidados e ignorados; la imagen que dieron de su país fue algo realmente lamentable. Llegué a las diez de la noche a la ciudad de Amsterdam; a mi hostal (en la misma ciudad) llegué a la una y media de la madrugada. Recomiendo vivamente no visitar Amsterdam un 30 de abril, querrás salir corriendo de allí.
Este violento choque contra la capital holandesa fue contrarrestado por la calma y la paz reinantes en Bruselas, y después la tranquilidad de París. Pero a cada momento Grecia presidía mi mente, y sentía la necesidad de hablar griego, mientras intentaba subsistir con mi suficiente inglés y mi decadente francés.
Pensaba en Grecia como alguien que está deseando volver a su país. Pero también ha sido agradable volver a Madrid, porque la vuelta a casa siempre lo es. Ha sido algo extraño, pero ha sucedido. El canto de las sirenas griegas me llama dondequiera que yo vaya, no tengo escapatoria.
Intentaré que mi próximo avión tenga como destino Grecia: ya lo voy necesitando.




